Duermevela...(cuentos)

posteado por Isidro Martinez @ 6:58am, Martes 9 Febrero 2010.

                                                                                                          

 

                                            Duermevela…

 

 

                              Isidro-Febrero 1996

 

 

 

                                                                                     A mi mujer y mis hijas.

                                                                                                          Dios las puso en mi camino

                                                                                                           para demostrarme que existe…

 

 

 

 

                         Jóse, se puso el pijama y se metió en la cama. Después, extendió la mano y cogió el libro que tenía sobre la mesita de noche. Le gustaba esperar, leyendo tranquilamente, a que llegara ese momento que precede al sueño, en que la consciencia deja paso a... ¿la imaginación…?

 

                              Ojeó la portada, lo abrió y, pausadamente, empezó a leer…….

                         

 

 

 

 

 

       La Urbana nº 13                    1

                 

 

                                            La oficina urbana número 13 de la Caja de Ahorros estaba llena de gente. Una larga cola de clientes, delante de la ventanilla de caja, esperaba su turno para ser atendidos.

               Juan Vicente, el cajero, cogió el dinero que le tendía el cliente y lo contó.

 

               -Cien

               -Si, para ingresar en la cuenta corriente 34/3, por favor.

 

               El empleado tecleó en el ordenador y, un momento después, le entregó el justificante de ingreso.

               Al final de la mañana, al contar el dinero para cuadrar la caja, le llamaron la atención aquellos cinco billetes de veinte euros y, con ellos en la mano, se fue a ver al interventor de la oficina.

 

               -Mira estos billetes, Jose… ¿no te parecen un poco raros?...

              

               El interventor, un hombre que rondaba los cuarenta y cinco, alto y moreno, cuando levantó la vista de los papeles en los que andaba enfrascado y vio los billetes, no puedo evitar un escalofrío…Sacó de la billetera dos billetes de cincuenta y se los dio.

 

               -Toma, te los cambio.

               -No son falsos…, los he pasado por la máquina y son buenos…, solo que….

               -Si, ya lo se, tengo en casa uno igual; lo guardo de recuerdo.

               -¿Sabes quien te los ha dado?

               -Si, Pedro Jiménez... Cuando los cogí noté algo raro, pero no le dí mas importancia.

 

 

                                            ......................................................

               Para  Jose, los dos últimos años habían sido especialmente duros. Sobre todo el anterior, cuando se separó de su mujer. Además de meterse en préstamos, tuvo que tomar la difícil decisión de vender su querido “ultraligero”, para hacer frente a los gastos de abogados y poderse quedar con la casa en la que había vivido cuando casado…

 

               Lo echaba de menos. De vez en cuando volvía por el campo de aviación, incluso había volado con compañeros, pero para un hombre como él, que amaba tanto volar, subir en un avión prestado no era lo mismo.

 

               Después, conoció a Gabriel, y de nuevo, volvió a soñar con el día en que, otra vez, pudiera ponerse el traje de vuelo y sentirse libre allá arriba, sin mas ruido que el acariciante ronroneo del motor y la compañía de su hijo Javi, al que quería con pasión y que, a pesar de su corta edad, ya andaba entusiasmado con los aviones.

 

               Ahora, en su casa, sentado en el salón, mientras apuraba un café y fumaba un cigarrillo antes de irse a dormir, ojeó los billetes de nuevo y tomó la decisión…” El próximo día que venga Pedro Jiménez, si trae mas de estos, hablaré con el…

 

                                            ………………………………………..

 

               -Jose, ahí está otra vez…, y ha traído otros cinco de veinte. ¿Quieres hablar con él?-era Juan Vicente.

               -Si. Dile que, por favor, pase un momento al despacho.

 

               Pedro era un hombre moreno y bajito, que andaría por los sesenta. Había dedicado su vida a los negocios y marchaba bien hasta que, en la crisis de los noventa, su empresa de papelería y artes gráficas quebró. Por aquel tiempo, su mujer murió; y sin hijos como estaba, había aceptado el cargo de administrador de una entidad benéfica que acogía a marginados .El

sueldo era pequeño, pero cubría sus necesidades y, además, el tampoco tenía muchas ambiciones.

 

               -Pasa, Pedro…

               -Hola, José Antonio. Me ha dicho Juan Vicente que querías hablar conmigo.

               -Si. Siéntate, por favor.

               -Tú dirás….

               -Verás-Jose no sabía como abordar el asunto-, es un poco delicado; pero... ¿Conoces a Gabriel?

               -¿Gabriel? – y se puso nervioso.

               -Si, ése que anda por ahí., mal vestido, pidiendo limosna... Bueno, que iba, porque hace ya tiempo que no le veo…

               Pues no sé, chico... No conozco a ningún Gabriel. ¿Qué querías decirme?- y se puso colorado.

               -No..., si no le conoces..., nada, déjalo.

               -Bueno, si no quieres nada más…

 

               Pedro se levantó y, casi sin despedirse, se marchó. Mientras salía, Jose comentó para si….Ya lo creo que le conoces….

 

 

                                            ……………………………………………..

 

 

               La noticia apareció en un recuadro pequeñito, en la última página del periódico local.

 

 

               “Pedro Jiménez, administrador del Hogar para marginados “Virgen de los Desamparados”, ha sido ingresado en el Centro Psiquiátrico Provincial. Deseamos  de todo corazón que pronto se recupere, para que pueda seguir, como hasta ahora, trabajando en la hermosa labor de ayuda a los demás”

 

 

               Cuando Jose lo leyó, se estremeció. Con que no sabías nada, ¿eh?-pensó, y decidió que aquella misma tarde iría a visitarlo al hospital.

 

 

                                            ……………………………………………….

 

 

               El Hospital Psiquiátrico era un edificio antiguo en las afueras de la ciudad.

               Jose aparcó el coche delante de la puerta, llamó al timbre y esperó a que le abrieran. Se quedó mirando los desconchones de la fachada y,  sin saber porque, una profunda tristeza le invadió…

               Una monjita, sonriente y amable, salió a recibirlo y le condujo, con pasos silenciosos hasta la habitación donde estaba recluido Pedro.

               Miró a través del ventanuco de la puerta y le vio tumbado en la cama. Cuando la sor abrió Pedro se dio la vuelta y se puso de cara a la pared para no verle.

 

               -Tiene usted visita. Un amigo- y la monjita, salió y cerró la puerta, dejándolos a solas.

 

               -¿Cómo estás, Pedro?- preguntó Jose-

               -Bien, no sé porqué me han traído aquí….

              

               Jose, cogió la única silla que había en la habitación y se sentó junto a la cama.

 

               -¿Porqué me dijiste que no le conocías? Yo podría haberte ayudado...

               -Creí que no pasaría nada…

               -No digas eso. Tú sabías, porque Gabriel tuvo que decírtelo, que no se podía hacer... Es más, el mismo me ha confesado que te lo advirtió…

               -Si,.. pero si solo ha sido durante un mes…

               -Mira, Pedro... Hace un año, yo tuve la misma oportunidad que tú. Mi sueño era comprar un “ultraligero”…, un avioncito de esos que funcionan con un motor como el de una lavadora, ya sabes… Lo deseaba con toda mi alma y no tenia dinero…Entonces conocía Gabriel..., y cuando al fin lo conseguí, se me pasó por la cabeza que podía seguir un poco tiempo más y hacerme rico..., pero cuando Gabriel me dio las semillas me lo advirtió…

               -Ya, ¡pero si sólo ha sido un mes!... –y rompió a llorar- Tu viste, como yo, que sólo era una ráfaga verde en los billetes..., aún podía continuar….

               -De sobra sabias que no.., ¡Era la señal!

 

               Y Jose, recordó la conversación con Gabriel, aquella mañana de Julio, cuando le entregó un sobrecito de color caña, que abrió con mucho cuidado..., para que pudiera ver las pequeñas semillas.

 

               -Toma, Jose; plántalas en una maceta y riégalas. Crecerá una planta tan hermosa como tu ilusión y dará unas vainas que solo abrirás cuando estén secas... Dentro encontrarás dinero, pero solamente el necesario para hacer realidad tu sueño… Después, la planta se secará sin echar semillas… ¡Óyeme bien, Jose!- y Gabriel se puso muy serio- Por si no llevaras bien las cuentas-, antes de empezar a secarse la planta dará unos billetes con una ráfaga verde en uno de los picos… ¡Óyeme bien!-insistió- ése es el momento de dejar de regarlas. Si insistes, el precio que habrás de pagar por tu egoísmo, es el que yo estoy pagando… la más absoluta de las miserias…., o la locura.

 

………………………………………………………

 

Los desorbitados ojos de Pedro, y la manera tan extraña en que se comportaba, le sacaron de sus pensamientos. Parecía estar regando una imaginaria maceta, mientras repetía una y otra vez….

 

               -¡Solo un mes mas…. anda plantita,… solo un mes….!

 

               Jose, cerró la puerta de la habitación, y echó a andar pasillo adelante… Al pasar por recepción se despidió de la monjita y salió a la calle.

 

               Su Renault-Twingo- enfiló la carretera. Al llegar al cruce, en vez de tomar para la ciudad, dio un volantazo…. Lo había decidido, hacía una tarde estupenda…. y, se iba a volar.

 

              

 

 

© isidromartinezpalazón. febrero1996

              

 

 

 

 

 

 

           

                       

                                                       Jorge           2

 

 

                                            El médico examinó detenidamente el resultado de los análisis. Cuando terminó, los dejó sobre la mesa, se recostó en el sillón y se dirigió a Jorge.

 

               -Esto confirma lo que pensaba en un principio. A usted no le ocurre nada…. ¿comprende..?.  Así es que no se preocupe y haga su vida normal.

               -¿Entonces…?

               -Mire,-le interrumpió-, la mente tiene un gran poder sobre el organismo y estoy convencido e que todo es producto de su imaginación… Los resultados de las pruebas que le he mandado son excelentes..., sin duda entro de algún tiempo se le pasará…Se va a tomar- y empezó a escribir en una receta- esto… Es un complejo vitamínico…, y sobre todo, procure pasear y distraerse….

 

               Jorge cogió la receta que el médico le tendía y se levantó de la silla.

 

               -Muchas gracias, doctor, y... adiós.

 

               Cuando salió a la calle anochecía. Busco una farmacia y, sin mucho convencimiento, compró           la medicina. Era el cuarto médico que visitaba y todos habían coincidido en lo mismo,.. su estado de salud era perfecto.

 

               Entonces-pensaba-, ¿porqué aquel cansancio? Era cierto que no había perdido la alegría, incluso sentía una gran paz interior, pero es que el mero hecho de poner los pies en el suelo, cada mañana, le suponía un gran esfuerzo y cuando llegaba a casa a las tres y media de la tarde, lo único que le apetecía era sentarse en un sillón y dormir.

 

               Le había contado a su mujer lo que el creía que era el motivo de su tremendo cansancio; y Lola, después de escucharle pacientemente, le había contestado entre carcajadas…”Pero si te he observado por las noches…, y duermes como un bebé feliz..., incluso sonríes y todo…” Después llevándose un dedo a la sien, apuntando la posibilidad de que estuviera loco, había dado por terminada la conversación.

 

               Haciendo estas reflexiones, llegó a su casa arrastrando los pies…

 

               -¡Hola Jorge! , ¿eres tú?..

               -Si, Lola

               -¿Qué te ha dicho el médico?

               -Nada, lo de siempre, que mi salud es perfecta y que debe ser algo psicológico... Me ha mandado…

               -¡Vitaminas!, ¿a que sí?

               -Eso mismo.

               -Bueno, pues entonces no te preocupes. Anda, ayúdame a poner la mesa que vamos a cenar. ¿Tienes hambre?...

               -Si, de cama. Lola, perdona que no te ayude, pero estoy hecho polvo..., si no te importa te espero sentado en un sillón del comedor.

 

               No es posible que esté tan cansado-pensaba-. ¡Pero, si anoche, igual que todas las noches, me metí en la cama a las diez!, y me levanto a las siete y media… ¡Son nueve horas!  y, además duermo bien…

               Cuando llegó su mujer con la cena, tuvo que despertarlo. Andaba adormilado con el “soniquete” de la televisión. Después, sin apenas probar bocado, dijo que se iba a la cama…

                                            ……………………………………………………

 

 

               Por la mañana, de camino al banco, iba dándole vueltas a lo mismo… El trabajo es cómodo-se decía-. Algunos nervios, sobre todo cuando se juntaba mucha cola delante de la ventanilla y los clientes miraban impacientes el reloj, pero vamos… tampoco es para tanto, y además por la tarde no trabajo…

 

               Pasó la mañana bostezando. A medio día, cuando llegó a casa, comió y después de un pestañeo en el sillón, salió con su mujer a dar una vuelta por la ciudad, a ver escaparates. Volvió roto y después de cenar se acostó. Buscaba la cama como un naufrago su tabla.

 

               Durmió, durante toda la noche, de un tirón y por la mañana cuando se levantó y se metió en el cuarto de baño para asearse y marcharse a la oficina, lo comprendió todo….

 

               El sueño, de nuevo se había repetido. Había soñado que era capaz de volar. La sensación era algo indescriptible… remontaba el vuelo y sentía el aire fresco en la cara…, luego planeando  bajaba hasta pararse en el pico del tejado y desde allí, suavemente…., al suelo.

 

               Esta vez, en su sueño. Incluso había enseñado a volar a la gente. Habían venido periodistas que insistían en que eso de volar era imposible... y el, pacientemente, se lo había  explicado y demostrado.

 

               -Por favor, ¿podría hacerme una demostración?

               -Si,.. miren..., es muy sencillo. Solamente hay que echar a andar...¿ven?.., luego cogen un poco de “carrerilla”, y hacen así con los brazos, y cuando noten una pequeña resistencia en el pecho y que el corazón late un poquito más aprisa..., se dejan llevar y ...¡ levantan el vuelo !.. ¿ven que fácil?...

 

               …Y pasaba por encima de los árboles, y veía las casas debajo..., y salía al campo, y se cruzaba con una bandada de patos….

 

               -¡Eh, ustedes, los de allá abajo!... ¿Ven que fácil es? Recuerden- y les gritaba- Una pequeña resistencia en el pecho y cuando el corazón lata un poquito mas aprisa… entonces…..¡¡¡Arriba!!!

 

               …¡Así, así! –insistía- ¿Ve usted como no era tan difícil?...

 

               -Es verdad,- gritaba un periodista que había conseguido levantar los pies del suelo y se acercaba peligrosamente al anuncio luminoso de una peluquería, en una segunda planta.

 

               -¡Tenga cuidado! – le había voceado a otro que, mas habilidoso que su colega, volaba por allí..., a mas de doscientos metros de altura….- ¡Que por ahí anda la bandada!

 

                                            ……………………………………………………

 

 

               Ahora, delante del espejo, tenía la prueba. Entre su ensortijada barba una pluma de ánade real, azul brillante y otra marrón, sin duda del pecho del animal..., eran la prueba…

 

               Y se rió a carcajadas imaginando cuántas no habría en el pelo, largo y negro del periodista novato..., y como estaría el pobre, después de toda una noche volando,… ¡¡¡y sin estar entrenado….!!!

 

 

 

© isidromartínezpalazón. Febrero 1996

           

      


Un trabajo bien hecho.             3

 

            El taxi le dejó en la puerta del hotel. En el trayecto desde el aeropuerto había visto, al menos veinte carteles que hacían referencia a la lucha contra el SIDA. El eslogan de uno de ellos, reclamando “solidaridad y esperanza” en la lucha para vencer la enfermedad, le había hecho sonreír.

 

               Llegó a recepción y pidió amablemente el encargado que comprobara en el ordenador si había una reserva de habitación a su nombre.

 

               -… ¿Señor Kimball…? Aquí está, la 529. Tenga la llave señor… ¿quiere que avise a un botones para que le acompañe?...

               -No es necesario, muchas gracias, conozco el camino.

               -Adiós, señor… y feliz estancia.

               -Muchas gracias, sin duda lo será.

 

               Camino del ascensor, comprobó que desde la última vez que estuvo, hacía ahora seis años, el lujoso hotel, propiedad de la D.H.P., en la que trabajaba desde hacía quince, había cambiado poco. Era la tercera reunión a la que asistía y aunque era el más joven del quipo de dirección, estaba convencido de que en esta ocasión sus colegas y el propio Presidente de la compañía reconocerían la efectividad del proyecto que en la última reunión había presentado. Los carteles demostraban que no estaba equivocado.

 

               Abrió la puerta de la habitación, y después de echar un vistazo y darse una ducha, se dirigió al armario ropero. Eligió un traje negro, con una rayita azul y una camisa blanca.

 

               -Esto es organización-pensó-, todo en su sitio y en el momento oportuno..., el trabajo en equipo funciona.

 

               Se vistió sin prisa y después de mirarse en el espejo, y observar que su aspecto a los cuarenta y cinco era espléndido. Cogió el abultado maletín, dejó la habitación y se dirigió a la novena planta.

 

               Cuando abrió, con su llave personal, la puerta de la sala de juntas, miró el reloj… las diez en punto de la noche.

              

               Era una estancia grande y estaba casi vacía. Una enorme mesa ovalada en el centro y seis sillas alrededor, era todo el mobiliario que podía verse con la tenue luz ambiental.

 

               -Buenas noches, señores. – Cinco voces, casi al unísono, le devolvieron el saludo.

               -Buenas noches Kimball- era el Presidente- ¿Qué tal el viaje?

               -Bien, muy bien, señor- y tomo asiento en la única silla que quedaba libre.

 

               -Si les parece, caballeros,- prosiguió el Presidente-comenzamos la reunión. Ante todo, felicitar al señor Kimball; perdón,… al señor América, por el éxito de su “proyecto SIDA”. Hay que reconocer que estaba acertado en la idea de crear en el laboratorio un virus de estas características. Sus resultados han sido espectaculares..., millones de muertos y la garantía de que en los próximos años la cifra crecerá, avalan el éxito…, de todo corazón... ¡Felicidades!

               -Gracias, señor

               -Bien. Ahora pasemos al seguimiento de los planes que aprobamos en la última reunión,… ¿Señor Europa?...

              

               Era un hombre regordete y calvo que rondaría los sesenta. Abrió el portafolio

que tenía sobre la mesa y sacó algunos informes…

 

               -Bien, caballeros,-comenzó a hablar con propiedad-. Una vez derribado el muro de Berlín, que como todos ustedes saben propuse en su día a fin de unificar Europa, ahora hemos conseguido infiltrar gente a nuestro servicio entre los máximos mandatarios de la Comunidad Económica Europea… ¡Europa es nuestra!..y el viejo Continente está en nuestras manos...Sin el telón de acero... los planes que trazamos, referentes a mantener varios focos de guerra simultáneamente se han cumplido... Rusia está inquieta y dividida, y los resultados de aquella estrategia son Bosnia Sarajevo..., en fin ya los conocen. Ahora hemos tratado de involucrar en los conflictos a Estados Unidos y espero que todo se cumpla según lo previsto.

 

               -¿Y el narcotráfico?-preguntó el Presidente.

               -Señor, son asuntos menores... Hemos tenido algún problema en España..., aunque desde luego nada preocupante, que nos ha obligado a buscar rutas alternativas. Nuestro personal en ese país confía en que las drogas de diseño puedan entrar sin dificultad. Ya sabe..., hemos implicado, siguiendo la costumbre, a altos mandatarios, policía, jueces,.. en fin, lo habitual.

 

               -¿Y la prostitución y el tráfico de órganos?

               -Sin problemas, señor.

               -Bien,-sonrió el Presidente, satisfecho- En cuando a los países subdesarrollados, ¿que pueden decirnos los delegados de Asia y África...?

               -Pues la verdad,- contestó Asia- es que nos limitamos a seguir los planes previstos… He de reconocer-y sonrió malévolamente- que no tenemos mucho trabajo, porque prácticamente en todo el continente reinan el hambre, la miseria y la destrucción. Ya saben ustedes que lo último que hicimos fue lo de Irán y, aunque no salió mal, lo cierto es que esperábamos mejores resultados. Por otro lado, estamos trabajando en el asunto Palestino y creo que en breve podrán ver los resultados de algunos planes que hemos puesto en práctica para originar conflictos bélicos en la zona. De todas maneras, creo que hicimos una gran aportación, apoyando y facilitando la expansión, por todo el mundo, de las sectas y religiones basadas en el convencimiento de que el poder radica en el hombre… Tenemos controlado el fanatismo religioso y de vez en cuando acercamos el fósforo al bidón de gasolina…

 

               -Bien- insistió el Presidente- De todas formas, no quiero que me dejen a un lado el asunto de la xenofobia… y los miró a todos, uno por uno- En Europa, está dando buenos resultados; sigan en esa línea. Creen grupos de jóvenes fanáticos, ya conocen el sistema… ideología exacerbada, deseos de dominio sobre otras razas.., ¡en fin, qué les voy a decir a ustedes que no sepan ya!...

 

               Por otro lado, quiero que tengan presente que pronto contaremos con un factor a nuestro favor..., el fin de milenio. La gente ya empieza a sentir miedo, a temer un cambio, y eso hemos de aprovecharlo.

 

               -La publicidad subliminal-apunto América- es un campo en el que quisiera que todos reflexionáramos…

               -Efectivamente- dijo el Presidente satisfecho de la actuación de Kimball-, precisamente ahora iba a hablarles de ello… Adelante señor América….

               -Gracias, señor… Quiero que recuerden los resultados tan brillantes que obtuvimos en épocas anteriores… consumo, inflación... y a nivel de individuo la incidencia ha sido mayor porque nos ha permitido controlarle y despersonalizarle…

 

               -Es cierto- comentó Europa-, y las estadísticas lo demuestran... En nuestro continente, siguiendo las indicaciones de nuestro compañero Kimball, hemos conseguido resultados dignos de tener en cuenta, sobre todo, en el cambio del alcoholismo, el sexo  y lo que es mas importante en los países desarrollados..., la soledad, la inquietud, el estrés y la locura que, queramos o no reconocerlo, aumenta el número de suicidios y de enfermedades degenerativas. Y todo ello sin nombrar el mundo de la música, donde los mensajes subliminales, como decía mi colega, nos proporcionan un gran  número de seguidores. Recuerden la cantidad de jóvenes que conseguimos atraer a conciertos mediante pactos con cantantes o grupos de moda… No olviden- y puso énfasis en sus palabras- el éxito que supuso para nosotros, cuando conseguimos atraerlos hacia la parasicología y los ovnis... ¡Los números cantan! Cada día se celebran en Europa más de diez mil misas negras y al menos en un veinte por ciento… ya hay sacrificios humanos…; reconocerán conmigo que ha sido todo un acierto….

 

               Si, si, -dijo el Presidente, todo eufórico- Hay que hacer, cada vez mas, uso de nuestro dominio en los medios de comunicación. La televisión, que en su momento pusimos al alcance de todo el mundo, siguiendo los sabios consejos de nuestros superiores, ha sido nuestro mayor adelanto... Bueno eso, y la industrialización, que nos sirvió para que los hombre aprendieran unos de otros los vicios. No era bueno que estuvieran tan aislados en el campo..., dificultaba mucho nuestro trabajo. Además cuando surgió el desencanto, nos proporcionó ingentes cantidades de parados, que son terreno abonado para la desesperación…

              

               El Presidente miró el reloj. Hizo un mohín de disgusto y empezó a recoger cuidadosamente los informes que tenía sobre la mesa.

 

               -Bien, caballeros, crean que lo siento, pero son menos diez y a las doce en punto tengo una reunión con el Jefe..., estábamos tan a gusto... Mañana veremos el informe de África, y les sugeriré algunas líneas de trabajo para los próximos tres años... Lo que quiero es que esta noche, antes de irse a descansar, reflexionen sobre la conversación que hemos tenido… No dejen de lado asuntos como el aborto, la eutanasia,… las pruebas nucleares, los incendios, el calentamiento del planeta con vistas a una destrucción de la tierra... y en fin..., cualquier cosa que se les ocurra para, de una manera definitiva, acabar con los reductos de solidaridad y esperanza que quedan en el mundo. No olviden que hay mucho trabajo por hacer… Me preocupan sobre todo las religiones... Los fanáticos  no son problema, son esas otras que conservan puras las raíces de su Fe... ¡Urdan planes para dividirlas!..¡Hagan lo que sea! ¡Hay que dejar el planeta como un solar…! pero en todos los aspectos, físicos, mentales y, sobre todo, espirituales…

 

               Señores,-dijo al tiempo que se levantaba de la mesa-. feliciten en mi nombre a sus colaboradores- y se emocionó-. Y a ustedes muchas gracias en nombre de Destruction Humanity Project, a la que dedican su vida. Les prometo que si siguen trabajando así no se arrepentirán… Muy pronto, todos tendremos nuestra recompensa.. Un puesto al lado de nuestro  “amado Jefe”,.. y para siempre…. en el Infierno.

 

 

                                                           ooOOoo

 

© isidromartínezpalazón  febrero 1996

                        Juanito”                           4

 

                        José María  era el  Jefe del Centro de Proceso de datos de una empresa puntera en el mundo de la investigación informática y su pasión eran los ordenadores.

 

               Cada día, al terminar la jornada en la oficina, llegaba a casa y, después de comer con su mujer y sus dos preciosas hijas pequeñas, se encerraba en el estudio. Allí se pasaba las horas muertas, delante de la pantalla del potente ordenador que pacientemente había montado  pieza a pieza.

 

               Estaba dándole los últimos toques al programa en el que había trabajado los dos últimos años y que, según él, le permitiría comunicarse con su “586”. Incluso había asegurado a su amigo Fernando, otro aficionado a la informática, que algún día “Juanito”, como cariñosamente le llamaba el, tendría sentimientos.

 

               Cuando aquella noche su mujer, después de acostar a las crías, le llevó un bocadillo y un vaso de leche al estudio, antes de meterse en la cama, lo encontró tan eufórico tecleando en el ordenador, que se preocupó. Demasiado contento-pensó-, luego cuando lo pruebe algo fallará, y entonces…. se enfadará.

 

               -No te acuestes tarde, muchacho, mañana seguirás.

               -No, si sólo me quedan unas cosillas por revisar y enseguida voy… Hasta mañana- y la besó.

               -Hasta mañana -contestó ella- y puso cara de resignación, mientras pensaba -¡Como si no te conociera!

 

 

                                            ……………………………………………………..

 

 

               Llevaba mes y medio en el Hospital y los médicos, después de hacerle mil pruebas, estaban a punto de desistir...

 

               -Mire usted- le había dicho el doctor a Elvira-. No sabemos que le ocurre a su marido, deber ser alguna enfermedad nueva… o tal vez un virus…

 

               -Pero, algo tendrán que hacer... ¿no?

               -Eso es lo grave, que no sabemos qué… No tiene fiebre, ni síntomas que permitan aventurar un diagnóstico...

 

               -Si, pero no podemos dejarle así. Se pasa todo el día tumbado en la cama, sin hablar... con la mirada extraviada y colgado de ese gotero….-se le saltaron las lágrimas.

 

               -Créame que lo siento, señora; pero hacemos lo que podemos. Es más he de decirle que si durante la semana que viene no se aprecia ningún cambio positivo, sintiéndolo mucho, tendremos que darle de alta.

 

 

               El médico salió de la habitación y cerro con cuidado la puerta, dejándola a solas con su marido.

 

               Era una hermosa tarde de abril. Los débiles rayos del sol se colaban por las rendijas de las persianas y daban en la cara de José María que, molesto, trataba de huir de ellos para seguir durmiendo.

 

               Elvira cogió una silla, se sentó junto a la cama y se puso a recordar la mañana que lo encontró en el estudio con los auriculares puestos, dormido en el sofá. Le había dado pena despertarlo. De todas formas-pensó-tampoco se va a hundir la oficina porque un día llegue tarde y amorosamente le tapó con una manta.

 

               Cuando a las once de la mañana, preocupada, pasó de nuevo y le zarandeó, el se limitó a abrir los ojos y sonreírle…, y luego siguió durmiendo.

 

               En esto pensaba cuando se abrió la puerta de la habitación y entró Fernando…

 

               -Hola, Elvira, ¿Cómo sigue?

               -Igual. ¿Has descubierto algo?

               -No sé…, creo que sí, pero es tan absurdo que me da no se qué contártelo

               -Es igual, dime…- y los ojos de la mujer se iluminaron.

               -Verás, he revisado cien veces los programas que hizo José María, y me da la impresión de que, cuando estaba trabajando con “Juanito”, algo se asustó.

               -¿Y...?

               -Es mejor que nos lo llevemos a casa. Si estoy en lo cierto, tal vez… En fin, no puedo prometerte nada, pero ten confianza en mí….

 

 

                                                           ……………………………………

 

 

               El estudio estaba como el día que Elvira le encontró dormido en el sofá y, después de llamar al médico, este dijo que lo mejor era llevarle al Hospital.

 

               Ahora, con José María tumbado en el sofá, Fernando conectó el ordenador y empezó a teclear ante la preocupada y expectante mirada de Elvira.

 

               -Mira,-señaló la pantalla- Aquí es donde creo que empezó el problema… Es como una conversación entre José María y “Juanito”

 

               -“Sabes lo que es un sentimiento…”

               -No, soy una máquina; pero si me lo explicas…

               -Es muy sencillo, Juanito. Por ejemplo, cuando yo te ordeno que imprimas un texto…, si la impresora está desconectada... No, no es eso... Verás, si cuando te programo, cometo un error, tú no respondes... No tampoco es eso…

               -¿Entonces?...

               -Es que es muy difícil... Una cosa es el razonamiento y otra muy distinta los sentimientos… ¡Si, eso es!..

               -Pues no te entiendo...

               -Si, mira. Cuando yo cometo un error al hacer un programa, tú lo detectas y te paras…, o empiezas a hacer tonterías hasta que te das cuenta de que… ¡Maldita sea, tampoco es eso!..¿Cómo explicártelo?

 

               -Tú me has dicho muchas veces-decía Juanito-, que tu cerebro funciona como yo, pues...si tú tienes un ordenador en la cabeza y yo soy otro ordenador…, porqué no me conectas con él?, seguro que me entiendo mejor que contigo...

              

               -Es verdad, pero ¿cómo hacerlo?

 

                                                           ……………………………………….

 

 

               -¿Has entendido hasta aquí, Elvira..?

               -Si, pero… y esos signos que aparecen a continuación en la pantalla…¿qué son?

               -No lo sé. Ahí es donde me pierdo. Parece el diagrama de un electroencefalograma, pero mira lo que viene a continuación…, creo que es donde empieza todo… Hay una transferencia de información. Es, para que lo entiendas, como si se produjera la copia de lo que hay en un “diskettte” a otro.., un “ back-up”.

               -Ya, pero eso…..es imposible.¿no?

               -Pues..- y Fernando se encogió de hombros- eso creía yo, pero ira, mira…-señaló la pantalla.

 

               -¿Format?...¿que es eso?

               -Es preparar un “diskette” para que pueda recibir la información que contiene otro. Vamos.., dejarlo en blanco. Lo que viene a continuación, Elvira, es la clave del problema. Mira..-y pulsó una tecla-

               -¿Qué haces, Juanito?- preguntaba José María-¡¡¡No, eso no!!!...¡Nooooooooo!.

 

               -¡Que pasa Fernando! –Elvira estaba casi histérica, con la vista fija en la pantalla-¿Qué es “VOL.1 Cilindro O?...¿Y esa serie de números…?

 

               -Verás, aunque parezca increíble, según esto…- no encontraba las palabras para poder explicarle-, creo que todos los conocimientos, la experiencia y los sentimientos, que José María había adquirido desde que nació, y que están almacenados en su cerebro, fueron transferidos a la memoria de “ Juanito” y…¡vamos que están ahí dentro…!- señaló el ordenador-

 

               -Pero ¿Entonces?, que hay en el cerebro de mi marido, ahora?

               -Nada. “Juanito”, después de recibir toda la información, formateó su cerebro y lo dejó todo en blanco…, como el de un niño recién nacido.

 

               Los dos se volvieron a mirarle. Estaba tumbado en el sofá con una sonrisa en los labios

Chupándose el dedo pulgar…

 

               -Entonces,..¿tú crees que?...

               -Es la única posibilidad…, si quieres…

               -¡Tenemos que intentarlo..!

              

               Le pusieron los auriculares, y Fernando con el alma encogida, tecleó…COPY.

 

               En la pantalla, volvió a aparecer aquel dibujo, parecido a un “ electro” y a continuación…

 

VOL. 1 Cilindro 0… y toda una serie de números….

 

                             

                                            ……………………………………………….

 

 

               Abrí los ojos como si despertara de una pesadilla, y empecé a gritar….

              

               -¡¡¡Nooo, Juanito!!!, ¡No hagas eso ¡…

 

               Era como un torrente de agua que cayera desde mil metros de altura,… y entrara, de golpe, en mi cabeza…

 

               Vi a mi mujer y me di cuenta de cuanto la amaba.. y a Fernando, mi amigo, junto al ordenador..

 

               -¿Y las niñas?...¿Donde están..?, ¿Están bien?

               -Si, no te preocupes- contestó Elvira.

 

               Es todo lo que recuerdo. Bueno, eso y aquel sol tan molesto que entraba por la ventana y me daba justo en la cara…. ¡Que rabia…! ¡Es que no me dejaba dormir!

 

©isidromartínezpalazón.  Febrero 1996

 

 








                             La vendedora de pañuelos.           5

                 

 

                              El coche se detuvo delante del semáforo que acababa de ponerse en rojo y una mucha despeinada, y de aspecto desaliñado que vestía pantalón vaquero y un chaquetón de ante mugriento, se acercó a la ventanilla.

 

               -¿Pañuelos?... Por favor, ayúdeme, hace mucho frío para dormir en la calle.

 

               El conductor bajó la ventanilla y, después de mirarla fijamente a los ojos, se rebuscó en los bolsillos de la cazadora. Luego extendió la mano...

 

               -Toma, Soledad, no te separes nunca de ella.

               -Gracias, señor. Tenga,- y le tendió el paquete de pañuelos de papel.

               -No, déjalo, quédate con ellos. Es un obsequio.

               -¿Cómo sabe mi nombre, señor...?

               -Que más da…

 

 

               Antes de que la chica pudiera reaccionar, el R-21 se puso en marcha, aceleró y se perdió entre el río de coches que, a primera hora de la mañana, llegaba a la ciudad. Sole soltó un “taco” al conductor del BMV, que por poco la atropella, y se subió a la acera, a esperar que el semáforo se cerrara de nuevo. Así pasaría el resto del día, como había venido haciendo los últimos cinco años para ganarse la vida.

 

               Al atardecer, camino de la pensión, mientras tiraba del carrito de la compra en el que llevaba todo cuanto tenía, Sole reinaba en lo que había dado de sí el día.

 

               La verdad-pensaba- es que no has tenido mucha suerte en la vida y recordaba cuando con veinte años, después de quedarse huérfana, había llegado a la ciudad como cantante de una orquesta. Al principio las cosas no iban del todo mal y ganaba lo suficiente para ir tirando. Luego vino lo que Fernando y la maldita droga. Creía que podía controlarlo, pero terminó en el “maco”, seis meses por tráfico.

 

               A Fernando no le había vuelto a ver desde que un día, hacía seis años, le dijo que estaba embarazada. ¡Total, una ruina!- Iba hablando sola por la calle...Menos mal que tengo a Ángel…, si no fuera por mi hijo mandaba todo a la mierda.

 

               Se paró delante del escaparate de un bar y miró ansiosa los bocadillos. Echó cuentas y se metió la mano en el bolsillo del pantalón buscando el dinero...Seis euros-pensó- Sacó la calderilla y contó…”cinco euros... y cincuenta, setenta y treinta céntimos más… seis euros…, justos..., y entró.

 

                              ………………………………………………….

 

 

               Rosa quitó el cierre de seguridad y tiró con fuerza hacia arriba de la persiana de la puerta. Una vez dentro, organizó la caja y arregló las perchas con la ropa. Después se paseó por la tienda, orgullosa… A pesar de ser la dueña le gustaba llegar al trabajo antes que sus empleados.

 

              

               -Buenos días, Rosa.

               -Hola, María. Qué, ¿dispuesta a empezar la faena?

               -Si, jefa.

 

               La recién llegada pasó al vestidor y salió con el uniforme de dependienta.

               -Rosa, ¿qué piensas hacer?

               -¿De qué?

               -De vender la tienda. La oferta es tentadora, ¿no?              

               -Si, pero no estoy decidida. Además, aún soy muy joven para retirarme. ¡No me estarás llamando vieja!, ¿eh?- y rió

               -A los cuarenta y cinco nadie es viejo. Por eso precisamente, es el momento…, coges el dinero y te dedicas a no hacer nada, a… vivir de las rentas…

               -No, María, no sabría estar mano sobre mano. El trabajo es cómodo y me gusta. Además le tengo cariño…, de momento no venderé. ¡Anda deja de soñar con que me vas a perder de vista y ve a atender a esos clientes!

 

               Rosa paseó la vista por la tienda que empezaba a llenarse de gente. ¡Quien me lo iba a decir!-pensó- Yo, la dueña de esto..., con cuatro empleados- y se llevó la mano al colgante que llevaba, con una cadenita, al cuello. Estaba contenta. La tienda, un marido que la adoraba y que además llevaba las cuentas del negocio, y sus tres hijos... el mayor a punto de casarse. Además,-echó cuentas- de un piso y ese Ford modesto, pero nuevo, que estaba aparcado en la puerta.

 

               -Oiga, ¿que precio tienen estos pantalones? –la pregunta del desconocido la sacó de sus pensamientos.

               -Pues...,-cogió el pantalón y miró la etiqueta...- Aquí lo dice,... ciento veinticinco euros….

 

               El desconocido, sin prestar mucha atención a la etiqueta que le enseñaban, la miró fijamente a los ojos mientras buscaba en el bolsillo de la cazadora…

 

               -Justos, aquí tiene- y le tendió un billete de cien, otro de veinte y uno de cinco.

 

               El hombre cogió la bolsa grande de papel, donde Rosa le había puesto el pantalón y después de mirarle otra vez a los ojos, se despidió.

 

               -Adiós… ¿Rosa?

               -Si, adiós señor, y muchas gracias por su compra- y no puedo evitar un estremecimiento.

 

               Pasó las dos semanas siguientes intranquila y dándole vueltas a la cabeza. ¿Quién podía ser aquel cliente que había estado en la tienda?- Le había mirado a los ojos tan…. Así. No sabía por qué, pero estaba segura de conocerlo…. Esa forma de mirar….

               Por eso cuando sonó el timbre de la puerta aquella mañana de domingo en que Rosa andaba en la tienda etiquetando ropa y poniéndola en las perchas para tenerla lista el lunes a primera hora, y se asomó por la cristalera del escaparate, para ver quien era, se sobresaltó.

 

               -Un momento que ahora le abro… Es él-pensó.

 

               El hombre hizo un gesto afirmativo con la cabeza y esperó.

              

               -¿Qué quiere?,-le preguntó- hoy es domingo.

               -Ya, ya lo sé..., sólo hablar con usted un momento.

               -Pase, pase…

 

               El hombre entró y la miró nuevamente a los ojos.

 

               -¿Porqué Rosa...? A mi me gustaba más Soledad.

 

               Rosa se llevó la mano a la boca para evitar una exclamación y, después, los ojos se le llenaron de lágrimas.

 

               -¿Es usted?

               -Si, el mismo.

               -Cuántas veces, desde aquel día, he vuelto al semáforo con la esperanza de verle para darle las gracias, don… -y esperó a que le dijera su nombre.

               -Juan.

               -Muchas gracias, Juan.

               -No hay de qué. Sólo he venido a ver como te iban las cosas, aunque…- y paseó la vista por la tienda- es evidente que bien.

 

               Se sentaron y Rosa empezó a contarle como había sucedido todo

 

               -Aquel día, en el semáforo, no presté mucha atención a lo que me diste, ni siquiera cuando entré al bar a comprar el bocadillo; pensé que era casualidad…-y Juan reía a carcajadas.

               -¿Entonces?

               -A los pocos días- continuó Rosa- iba por la calle, paseando con mi hijo, y al pararme delante del escaparate de una tienda de ropa vi unos pantalones para el…-Rosa apenas podía contener la emoción- No se me olvidará el precio…¡ dos mil quinientas pesetas de las de entonces! , pero yo sabía que solo llevaba mil pesetas. Era lo que había sacado el día anterior vendiendo pañuelos de papel…

               -¿Y...?

               -Metí la mano en el bolsillo, y cuando la saqué…-Rosa lloraba-…Allí estaban las dos mil quinientas.., ¡Ni una mas, ni una menos!

               -Vaya sorpresa ¿no?

               -Imagínate,… lo demás ya lo conoces…

               -¿Y cuando trataste de comprar un coche último modelo?, ¿Te acuerdas…? Juan reía.

               -Si, aquello fue una tontería.

               -Así pasó…

               -Si, se puso negra como el tizón. No se veía la cara del Rey, ni nada. Eso fue lo que me hizo pensar que todo lo que tratara de conseguir debía ser…

               -Necesario,..-la interrumpió Juan- De todas maneras- se removió en la silla, mirando a su alrededor-¡No está nada mal! ¿Eh, Sole?

               -Te estoy muy agradecida- y empezó a jugar con la cadenita-, si no hubiera sido por ti…

               -Bueno, Sole, me marcho- y se levantó de la silla- Tengo cosillas que hacer..., un vendedor en paro… y con cinco hijos... ¡hay que echarle una mano!, es buena gente, como tú.

 

               Cuando abrió la puerta de la calle para marcharse, Juan se volvió…

              

               -Es bonito el nombre de la tienda…”Media moneda de Plata”...

               -¿Quien eres en realidad, Juan?

               -Llámame como quieras, Sole… ¿como te suena, “otra oportunidad”?

               -Divinamente.

 

               Rosa, a no ser porque la tienda estaba cerca de la esquina, hubiera jurado que Juan desapareció como por arte de magia. Ella se quedó mirando al cielo y en voz muy baja dijo…

 

               -Seas quien seas… ¡Gracias, Juan!

 

                

©isidromartínezpalazón. Febrero 1996

 

 

 

 

 

 

                                    Verónica.        6

                                           Estaba en su habitación, sentada en la cama, con las piernas cruzadas, tratando de terminar la letra de una canción. En el equipo de música sonaba Nirvana.

 

 

                                            “Estoy al límite… en lo mas alto

                                            bebiendo la vida a tragos…

                                            necesito nuevas experiencias.

                                            …Corre, corre, te espero

                                            ¡si la puerta se abriera….!

 

               -¿Y ahora como sigo?... ¡Dímelo tú!

 

               Llevaba un buen rato intentándolo, pero no había manera. Le resultaba imposible dar forma a alguna de las muchas ideas que se amontonaban en su cabeza. Una cosa era sentirlas y otra muy diferente convertirlas en la canción que trataba de terminar. Estaba hecha un lío; y no dominar la situación la ponía nerviosa.

 

               Algo, como una sombra, cruzó la habitación y le pareció que se metía en el armario ropero. Aunque no era la primera vez que le ocurría, se sobresaltó. Tiró el bolígrafo y el bloc y de un salto se puso de pié y apagó la pletina.

 

               Más de una vez había tenido esa sensación. Era como si alguien conviviera con ella.

 

               -¿Mamá?

 

               Oyó la voz de su madre desde el salón

 

               -¿Qué pasa Verónica?

               -Nada, nada….-y se tranquilizó.

 

               Hacía tiempo que le ocurría. De pronto le parecía que había alguien junto a ella. Alguien a quién, en ocasiones, incluso podía oír respirar. Entonces el ambiente se volvía denso y entraba en un estado de excitación extraño. Después, sentía como sus ideas fluían y se ordenaban hasta convertirse en canción. Era como si le dictaran… Ella lo llamaba inspiración.

 

               A sus veinte años, Verónica era una muchacha inteligente y bien parecida, que además de estudiar tocaba la guitarra en un grupo de rock pesado. No podía decirse que tuvieran mucha popularidad, pero a ella le daba lo mismo, sabía que tarde o temprano lo conseguiría. Lo raro de la música que hacían, y sobre todo las letras, le daba a la banda un estilo que agradaba a la gente joven, siempre dispuesta a nuevas experiencias.

 

                                            …………………………………………………..

 

               Todo había empezado la noche en que Juan, el cantante, llegó al ensayo acompañado de un muchacho alto y moreno que habla con acento sudamericano.

 

               -Este es Rosendo, un amigo colombiano al que conocí el verano pasado en la playa. En su tierra cantaba en un grupo y… ya veréis…

 

               El muchacho saludó sonriente. Era guapo y simpático, y cuando hablaba miraba directamente a los ojos. Pronto acaparó la atención de todos.

               Ensayaron durante un par de horas y cuando salieron del local, fueron a tomar una copa. Charlaron animadamente y luego se despidieron hasta el día siguiente, en que quedaron en volverse a ver.

 

               Juan y Rosendo se quedaron tomando la última copa y el resto del grupo salió a la calle y echó a andar….

 

               -Es majo el tal Rosendo, ¿eh Verónica?

               -Si, y además canta muy bien. Tiene facilidad y seguro que conecta con la gente… y menudo pico tiene…; por lo que cuenta, ha tenido que vivir a tope.

 

               A Paco, el batería, le había impresionado. Con todo aquello de que había estado en grupos de primera fila y colaborando en discos de famosos en su país…

 

               -¡Y no fuma, ni bebe!...como otros. ¡Ni cosas que me callo!-rió José, el del bajo.

               -Oye, es verdad. Un tío como este-dijo Paco- que ha corrido medio mundo y no..., bueno ya me entendéis. ¿Habéis visto que medallón tan raro lleva colgado al cuello?, y ¿qué mirada tiene? Te ha impresionado, ¿eh, Vero?

               -Es que parece que te atraviesa con los ojos…

               -La verdad-dijo José- es que a todos nos ha dejado un poco… ¿y eso que dice de que tiene “poderes”?...

               -¡Bah!, yo creo que eso de que antes de actuar, hace una meditación y conecta con el más allá y tal..., es una gilipollez…; si no sabes tocar, por mucho que medites y te conectes…

               -No digas tonterías, Paco-Verónica salió en su defensa-¿No te has bebido tú dos o tres whiskys y te has pegado un “petardo” antes de salir a tocar..., y luego, como estabas “medio volao”, las cosas han salido mejor…? ¿O es que ya no te acuerdas?..

               -Si- se defendió Paco-, pero para mí que este tío anda metido en cosas de magia, vudú o algo de eso…De todas maneras allá él.., pero si; como dice Juan está sin trabajo, podía echarnos una mano en lo del grupo. ¡Ya habéis visto como canta!..., se pone un poco raro- y hacía gestos tratando de imitarlo-; pero… ¡Joder!..

 

               -Si, pero  ¿y Juan?, ¿Qué hacemos con él? Es un tío majo.

               -Pues que canten los dos-dijo José- no sería el primer grupo con dos cantantes.

               -Eso es verdad…Bueno, ya veremos. Hasta mañana, muchachos.

 

               Se despidieron y por el camino hacia casa, Verónica no hacía más que darle vueltas a lo de Rosendo. Era guapo y tenía gancho, y además… esa mirada.

 

                                            ……………………………………………………

 

 

               A los quince días, el grupo había dado un cambio radical. Juan había cogido un virus que los médicos no conocían y estaba en la cama con cuarenta de fiebre y, al parecer, iba para largo.

               Rosendo, que le había sustituido, se había convertido en el líder. Componía, cantaba y dirigía. La prueba era como sonaba el grupo.

 

               Además, estaban aquellas sesiones de meditación que hacían antes de ensayar. Era como si alguien desde dentro les dijera lo que tenían que hacer y como hacerlo.

 

               Poco a poco habían aprendido a relajarse, a dejar su mente en blanco. Ya no necesitaban beber, ni tomar nada para hacer que la banda sonara tan bien…, solo dejarse llevar por aquella voz interior.

 

               Rosendo les había enseñado, en poco tiempo, más de lo que ellos hubieran sido capaces de aprender por si mismos en toda su vida…” Dejaros llevar por aquel que sabe…”-les decía-. Su sabiduría entrará en vosotros y nunca os abandonará...Es poderoso...y quiere ayudaros... El os enseñará a utilizar las fuerzas del Universo en vuestro favor….

 

               Cogidos de la mano, después de pedir consejo a sus espíritus guías en una sesión de “oui-ja”, habían prometido seguir juntos y obedecer a quien les dirigía… Los espíritus habían dado señales de estar presentes, la mesa se había movido y en el cassette desenchufado había sonado músico de Guns & Roses… En aquel momento, todos hicieron un pacto..”Obedecerían a Rosendo…, a cambio ellos recibirían mucho más..., conocimientos, fama… todo.

 

               Cuando terminó la sesión, se pusieron a ensayar. Sonó como jamás soñaron, al menos eso les pareció a ellos. Estaban entusiasmados.

 

               A Verónica le inquietaba la transformación de había sufrido Rosendo, sus ojos… y esa sensación extraña, como si alguien hubiera entrado dentro de ella. Luego fueron las voces… Al principio solo las oía cuando estaba tocando, pero ahora no cesaban aunque desenchufara su guitarra. La acompañaban a todas horas. ¡Haz esto!, ¡No hagas aquello! Cuando estaba sola, era como si notara una presencia física a la que, en ocasiones, hasta oía respirar.

 

               Antes no quiso darle importancia, pero ahora estaba asustada. Veía cosas, como aquella  sombra que hacía unos instantes habría cruzado la habitación y se había metido en el armario… ¿es que estaría volviéndose loca?-se preguntó.

 

               Sabía que sus padres estaban preocupados. Se había vuelto poco habladora, casi inaccesible. No estudiaba ni tenía interés por nada que no fuera la música y las ciencias ocultas; y cuando su madre abordaba, aunque fuera de refilón, el tema de su cambio de comportamiento, ella lo achacaba a que estaba teniendo experiencias nuevas y tenía que aprender, y daba por zanjado el asunto diciendo que no la comprendían….

 

               Desde que empezó todo aquello, había hechos unas cuantas canciones. Las primeras salían solas, no tenía más que coger el bloc y el bolígrafo y allí estaban..., y además eran buenas… Después, todo había ido a peor, como esa tarde en que estaba dándole vueltas y no había manera de sacar nada en claro. Era como si alguien le hubiera metido dentro de la cabeza una lavadora que se pasara el día centrifugando..., no podía pensar y, si trataba de centrarse, el resultado era… ¡una mierda!..., solo canciones macabras, tristes y destructivas... Por mucho que lo intentaba, no era capaz de hacer o decir algo con sentido y sentimientos...” ¡No es que no quiera hacerlo, mamá!.., ¡es que no puedo!” le había dicho a su madre, cuando había encontrado alguna letra y después de leerla le había reprochado el texto... ¿Y si le decía a su madre que necesitaba ayuda?

 

               -¡No!, se sorprendió de la respuesta que acababa de escuchar en su cabeza... ¡Ni se te ocurra! ¡Que sabe ella de esto!... ¡Acaso crees que lo entendería!

 

               Lo que en un momento fueron sugerencias ahora eran órdenes y debía acatarlas sin rechistar o volverían aquellas pesadillas, los dolores de cabeza y los pensamientos de destrucción. No había salida. Quizás-se consolaba pensando- un día, igual que vinieron, desaparecerán.

 

                                            ……………………………………………………….

 

 

               Las relaciones en el grupo eran tensas. Rosendo se había convertido en un dictador. Por cualquier cosa se enfadaba, incluso maldecía… Poco quedaba de aquel muchacho moreno, amable y sonriente..., ahora, los tenía dominados y asustados.

 

               -¡Dile a tu madre, que deje de rezar!, ¡Me oyes!... ¡Ahora no eres su hija…! ¡Eres mía!

 

               A veces le parecía que esa voz luchaba con otra, dentro de ella. El resultado era nefasto…, la cabeza le explotaba.

 

               Solo se sentía mejor cuando aquella pequeña luz brillaba en el cabecero de su cama. No sabía lo que era pero le tranquilizaba y notaba cómo las voces cesaban… Solo entonces podía dormir.

 

               Una noche, después de dar mil vueltas en la cama, atormentada por las voces, sintió, de repente, como si le arrancaran algo de dentro… Notó un dolor muy fuerte en el pecho y se desvaneció… Creyó que había muerto…

               Un líquido negro, como petróleo, empezó a salir de su nariz y vomitó cieno..., después se sintió flotar.

 

               Desde arriba, pegada al techo de su habitación, vio su cuerpo tendido en la cama. Tenía una sonrisa en los labios y, cosa extraña, su cara reflejaba una gran paz.

 

               Se paseó, como si volara, por la habitación y se dio cuenta de que, como casi todas las noches en los últimos meses, la luz del salón estaba encendida… “Alguien, sin duda, se había olvidado, otra vez de apagarla”- pensó- y se dirigió hacia allí…

 

               Cuando abrió la puerta, empezó a llorar… Sus padres y sus hermanos estaban de rodillas y cogidos de la mano, mientras una gran luz lo iluminaba todo...

               Desde el quicio de la puerta, Verónica, aún llegó a oír aquella profunda y dulce voz...

 

               “Vuestras oraciones han sido escuchadas…Verónica es libre. Contad a la gente lo que habéis visto “

 

 

                                            ……………………………………………………….

 

 

               Pedro, terminó de leer lo que su mujer, cuando tenía veinte años, había escrito….

 

               -Verónica... ¿De verdad fue así…?

 

               -Si. Anda juega un rato con tu hija mientras preparo la cena…

               -Entonces... ¿existe?

               -¡Existen!...

               -¿Y no vas a decir nada más?

               -¿Es que te parece poco…?

 

 

                                                                             oooOOooo

 

© isidromartínezpalazón. Febrero 1996

 

 




                 

                                               Juny                    7

                                             La sala de jazz, “Clamores”, estaba abarrotada de público. Actuaba la “Genuine blues band”.

 

               El cuarteto español, liderado por la contrabajista Laura Martínez, había alcanzado gran popularidad a finales de los años noventa en todo el mundo, y ahora, después de su gira por Europa, actuaba en Madrid.

 

               El presentador, un hombre de mediada edad, anunció al grupo. Las luces de la sala se apagaron y, en medio de los aplausos, un foco de luz blanca iluminó a los músicos en el escenario, al tiempo que sonaba “Soul”, una de las piezas claves de su repertorio, compuesta por Marta, hermana de Laura y pianista del grupo.

 

               El ambiente era cálido y la gente disfrutaba de la música. Durante la cuarta canción, en un rincón de la sala se organizó una discusión. Los músicos siguieron tocando mientras los asistentes reclamaban silencio y volvían la cabeza hacia donde se había iniciado el revelo que, a juzgar por las voces e improperios que se escuchaban, se había convertido en pelea.

 

               De pronto se oyó en la sala el estruendo de un disparo. Gritos, carreras de la gente, mesas volcadas, ruido de vasos al estrellarse en el suelo…. En el escenario, Laura notó un fuerte golpe en el mástil de su contrabajo, que le hizo perder el equilibrio y caer al suelo.

 

               Marta, asustada, se acercó a su hermana y entre ella y Paco, el batería, la sentaron en una silla y trataron de tranquilizarla. Estaba pálida…

 

               -¿Cómo estás, Laura?

               -Bien, bien..., solo ha sido el susto.

 

               Veinte minutos después, a las doce de la noche, llegó la policía, que después de desalojar el local de curiosos y de hacer algunas preguntas a los camareros sobre lo que había ocurrido, se marchó.

 

               Los músicos, en el escenario, recogían sus instrumentos y comentaban el incidente.

 

               -Mira, Marta, acércate- Laura limpiaba el contrabajo, antes de guardarlo en su funda de piel.

               -Dime

               -Laura señaló la bala que se había incrustado en el mástil del contrabajo… ¿Qué te parece?

               -¡Dios!,…. ¿Tú lo sabías?

               -No, noté un golpe, pero no imaginé nada de esto- y trataba de hurgar  con la uña para sacarla- . Un poco más…, y no lo cuento.

 

               Se abrazaron, y lloraron juntas. Después, mas tranquilas, hablaron con el dueño del Club y quedaron en verse al día siguiente por la tarde, en la sala, para ensayar  y fijar una fecha para celebrar el interrumpido concierto. Se despidieron de los músicos, salieron a la calle y paseando se dirigieron al hotel donde tenían reservada habitación.

               En el camino apenas hablaron. Al llegar, cogieron la llave en recepción, subieron a su cuarto y, después de ducharse se acostaron.

 

               -Oye, Marta, ¿te reirás si te digo una cosa?

               -No, ¿Qué es?

               -Creo que ha sido Juny- y acarició el anillo de plata que llevaba en la mano derecha-

               -¿El que ha disparado?

               -¡No, mujer!

               -Eso son tonterías, Laura. ¿Qué tiene que ver Juny en todo esto?.. Aquello pasó siendo niña…

               -Bueno, te parecerán tonterías mías, pero yo creo que algo tiene que ver él en todo esto.

               -Anda, vamos a dormir, que son las cuatro de la mañana..., que descanses.

               -Gracias, igualmente,… hasta mañana.

 

                                            ………………………………………………….

 

 

               Se despertaron cerca de las dos de la tarde. Después de asearse, bajaron a comer al restaurante del hotel y luego paseando, fueron al “Clamores” a ensayar un rato.

 

               Al terminar el ensayo, cenaron con los músicos en el Vips de Serrano, y después de una agradable conversación de sobremesa, que se prolongó hasta tarde, se fueron a dormir.

 

               La noche anterior, Laura la había pasado despierta y recordando a Juny. Le gustaba acariciar el anillo que tanto tiempo había llevado colgado al cuello con una cadena de plata. Ahora que ya le estaba bien, podía ponérselo en el dedo.

 

               Había aparecido misteriosamente, cuando tenía apenas tres años y jugaba con su amigo imaginario.

               Al principio-recordaba-, sus padres no le dieron importancia al hecho de que hablara y jugara con alguien a quien los demás no podían ver….

 

               -Mira, papá…, aquí está Juny…

               -Pero, hija… si aquí no hay nadie…

               -Si, papá, lo ver... ¡No pises ahí mamá!, que está Juny...

               -Perdona, Juny – y se reía la madre- no te había visto...

 

               Aquello se había prolongado durante casi seis meses. Sus padres, según le contaron después, consultaron con un sicólogo si aquello era normal. El doctor despachó el asunto de manera sencilla...” Hay muchos niños que juegan con un amigo imaginario, sobre todo si son hijos únicos..., lo utilizan como compañero de juegos..., pero en este caso si tiene una hermana... En fin, no se preocupen que es un asunto que se resolverá en cuanto se haga un poquito mayor...”

               Pero la cosa continuó. Un día en que su madre le dio una manzana...

               -Toma, Laureta,..¡Cómetela!

               -¿Le puedo dar a Juny, mamá?

               -Si, dile que si quiere…

 

               Laura, extendió la mano, y todos los presentes estaban expectantes... Si la manzana se mantiene en el aire y llega a ser mordida por alguien invisible…, allí hubiera habido más de un desmayo.

              

               -No, mamá, dice que no quiere. Toma mamá, que Juny y yo nos vamos a jugar…

 

                                           

                              …………………………………………………..

 

               Ahora, en la habitación del hotel, recordaba todas aquellas cosas y sonreía. Su hermana en la cama de al lado dormía y ella no podía resistir la tentación….

 

               Se levantó y se fue al cuarto de baño. Encendió la luz, cerró la puerta y se sentó en el pico de la bañera...

 

               Después se quitó el anillo y con el apretado en su mano, recordó la mañana en que su madre lo encontró en su camita…

 

               Guiñó un ojo y en el otro puso el anillo, como si fuera un catalejo y miró… Allí estaba, como la noche en que se lo dio de recuerdo y le dijo que, aunque no le volviera a ver, siempre estaría a su lado.

 

               Era como una película en color…, aunque un poquito empañada la imagen por las lágrimas que se le escaparon…

              

               Vio la bala saliendo de la pistola y como aquel muchacho moreno, de pelo rizado y mirada limpia, la desviaba con la mano para que se clavara en el mástil de su querido contrabajo... Era el mismo con el que había jugado tantas veces de pequeña… y que, cuando se presentó, por primera vez, le dijo que se llamaba…Juny...

 

 

 

 

 

 

©isidromartínezpalazón. Febrero 1996

 

 

 

                                    La Radio                 8

                

            -Buenos días amigos, aquí Radio 2000, su emisora local. Recuerde, en el 107.8 del dial.

 

               La voz del locutor sonó fuerte en el transistor que el director de la emisora tenía  sobre la mesa de su despacho y en el que seguía, como cada día, la programación.

 

               Alguien había dejado sobre su mesa, hacía más de un mes, el guión que, por enésima vez, releía.

 

               -¿Quien puede haber sido?- se preguntaba una y otra vez, parece cosa de magia- y bebió otro sorbo de café. Dos golpes en la puerta le sacaron de sus pensamientos.

 

               -¿Sí?...

               -Con permiso,-era Juan Manuel, el subdirector.

               -Pasa, pasa Juanma. ¿Has podido averiguar algo?

               -Nada, Manolo. En la emisora nadie sabe nada. Dicen que el libreto se recibió por correo.

               -Ni remite, ni sellos…-y Manolo, miraba una y otra vez el sobre blanco y grande que estaba sobre la mesa-. Esto es un misterio, chico…

               -Pero, ¿te gusta?

               -Si, claro que me gusta; pero si vamos a emitir un programa, al menos deberíamos saber quien lo ha escrito…

               -¿Y que más da? Es bueno y fácil de realizar; un poco atrevido para los tiempos que corren, pero para eso somos una emisora independiente… ¿no?

               -Claro, claro...

 

               Juan Manuel, con la mirada expectante, esperaba ansioso la aprobación del director para montar el programa y empezar a emitirlo.

 

               -¿Entonces?

               -Venga, ¡Adelante!- y le tendió el guión-, a ver qué pasa…

 

               Juan Manuel lo cogió y salió del despacho, mientras escuchaba la penúltima advertencia del director…

 

               -Tienes quince minutos diarios, no mas… Y el último día una hora; ya sabes que no tenemos publicidad que pague el espacio.

               -De acuerdo, Jefe….

 

 

                                            -----------------------------------------------------------------

 

 

               Así habían empezado las cosas quince días atrás. Ahora, cuando a las doce y media de la noche la centralita de la emisora se bloqueaba como en días anteriores, de tantas llamadas, Manolo y Juan Manuel se daban cuenta de que aquello se les había ido de las manos.

               -¿Con que no había nadie que pagara con publicidad el programa, eh Manolo?, ¿oyes cantar la centralita?...

               -Yo que sé. ¿Quién iba a imaginar? Y mañana es el día “D”. Fin de fiesta en el Hospital… ¡Como siga pasando lo que las dos últimas semanas!

               -Ya verás como todo sale bien, no te preocupes.

               -No, si no me preocupo; es mas- se envalentonó- mañana, con el equipo móvil, al Hospital y ya veremos por donde sale el sol… ¿lo tienes preparado todo?

               -Si. He avisado a la policía como dijiste. Confío en que no nos metan en “chirona” por alteración del orden público.

               -Si algo sale mal…

               -Que no, hombre. Ha salido bien todos los días, ¿no?, yo creo que eso justifica, de sobra, el riesgo que vamos a correr.

               -Ya veremos, yo tengo mis dudas. Una cosa es hacer un programa de radio, donde la imaginación de la gente puede provocar que ocurran cosas como las que han venido sucediendo y otra muy distinta invitarlos a que asistan a un llamémosle “experimento“, o “espectáculo”,…dicho sea con todo el respeto del mundo, para que presencien con sus ojos lo que otros dicen que ha ocurrido… ¿No crees?

               -Yo lo único que sé es que he atendido llamadas telefónicas, en este tiempo, de gente que me ha contado cosas que me han puesto los pelos “como escarpias”. De todas maneras..., si quieres decir que todo ha sido una ficción y que el programa ha concluido-sonrió Juan Manuel, tentador y malévolo-, pues nos quitamos el  “mochuelo” de encima… ¡Te vas a quedar tan tranquilo sin saber en que acaba todo esto! ¡Es eso lo que quieres Manolo!...

               -No. No hemos cruzado el mar a nado para morir ahogados en la playa. Vamos a llevar este asunto hasta el final y que pase lo que tenga que pasar. Si después de esto tenemos que cerrar la emisora porque no tengamos ninguna credibilidad… ¡Pues se cierra y ya está!

               -¡Así me gusta oírte hablar jefe! Mañana, ha las once y media, con todo dispuesto en la puerta del Hospital… No te preocupes, no fallará nada estoy convencido.

               -Dios te oiga.

 

 

                                            …………………………………………………….

 

 

 

               Era una noche de octubre, con un cielo limpio y cuajado de estrellas. El lucero brillaba llamando la atención de la gente para advertirles que no estaba dispuesto a perderse nada de lo que pudiera ocurrir.

 

               En el Hospital, tanto médicos como enfermeras y enfermos estaban avisados. Muchos de ellos lo consideraban una estupidez pero, aunque escépticos, allí estaban. La curiosidad había podido más que sus razonamientos. Otros, los más necesitados, habían hecho un acto de fe y aguardaban esperanzados.

 

               Cuando Juan Manuel llegó a la puerta principal, se quedó sobrecogido. Mas de cinco mil personas, en pié, aguardaban en silencio. Se dirigió a la explanada donde la emisora había instalado el sistema de megafonía y habló con los técnicos.

 

               -Buenas noches, Antonio, ¿crees que tendremos potencia suficiente?, ¿Qué se oirá bien?

               -Si la gente está en silencio, como ahora, si. Si se alborota, entonces… no sé.

 

               Juan Manuel y Manolo habían pasado varias noches en la emisora con un representante de la policía local, elaborando unas cuantas normas que habían difundido insistentemente por la radio para que los que decidieran asistir pudieran disfrutar de una noche tranquila, más que nada buscando la manera de evitar que alguna pandilla de folloneros convirtiera aquello en un giry-gay.

 

               A las doce menos cinco, como tenía previsto, Juanma se dirigió a la gente por los altavoces. El silencio era absoluto.

               -Buenas noches, amigos, y bienvenidos a esta reunión que con tanto cariño hemos preparado.- a pesar de su experiencia en hablar por la radio, estaba un poco nervioso y le temblaba la voz-

               Gracias por venir-continuó-. Es un acto desinteresado y de solidaridad con otras personas que están atravesando una situación difícil de enfermedad…Muchos de vosotros-siguió-, en otras ocasiones, habéis estado en este Hospital como enfermos, o velando a algún familiar y sabéis lo largos que son los días y lo lentamente que pasan las noches vigilando un gotero… Ahora, por un momento como hemos hecho cada noche en la radio, durante los últimos quince días, vamos a dedicar, todos juntos, unos minutos de nuestro tiempo a desear, de todo corazón y con todas las fuerzas de nuestro pensamiento, que los enfermos de este Hospital se curen….

 

               No importa- y levantó un poco más la voz- la raza, ni la posición social, ni las creencias religiosas,… Somos seres humanos que nos hemos reunido, por propia voluntad, con el único deseo de ayudar a otros seres humanos en dificultades..., y cada uno, a su Dios, y a su manera vamos a pedir y a desear que la salud de todos los enfermos se restablezca….

 

               Juan Manuel calló durante unos segundos y miró el cielo… Solo estrellas, gente y silencio…y se emocionó.

 

               -Hemos oído-continuó- como cada noche, después del programa, hombres y mujeres llamaban a la radio para decir que se habían producido verdaderos milagros… No sabemos como, pero así ha sido; y estoy convencido de que esta será una noche muy especial…

 

               Os ruego que cuando terminemos, conforme habéis venido, en silencio… os marchéis. Ahora, por favor, cogeros de la mano y haced círculos…

 

               Se oyó el murmullo de la gente al tomarse de la mano, después todo volvió a quedar en silencio…

 

               -Son las doce en punto de la noche, cerrad vuestros ojos y empecemos…

 

               Transcurrieron más de quince minutos… Luego, la gente, en medio de un silencio sobrecogedor,… se marchó.

 

 

 

                                            ……………………………………………………..

 

 

 

               Los días siguientes fueron emocionantes. Los médicos no daban crédito a lo que había sucedido. Muchos enfermos sanaron y en la semana siguiente el Hospital quedó casi vacío.

 

               Aseguran unos cuantos a los que su escepticismo no les dejó cerrar los ojos durante aquellos pocos minutos que una gran luz inundó el Hospital hasta hacerse como de día…

 

               Yo les creo porque, cuando me encargó que escribiera el guión y lo mandara a la emisora, me miró sonriente y me dijo que lo demás…. ¡Era cosa suya!

 

 

 

 

 ©isidromartínezpalazón. Febrero 1996

 

              

 
                                   El nido       9

                                  El coche dejó la carretera general y tomó el camino de tierra que atravesaba el espeso bosque de pinos. Después de cruzarlo y de subir una pequeña loma, se detuvo delante de la casa.

 

               Un hombre, en mangas de camisa y pantalón vaquero, bajó del coche y miró satisfecho la marcha de las obras de restauración de la casa… Su perro, un bretón-español, salió zalamero a recibirlo.

 

               -¿Qué pasa, Lucas? ¿Qué has hecho toda la mañana?..., correr detrás de los conejos… ¿eh?

           

               El perro apoyó las patas delanteras en las piernas de su amo y le miró atentamente, como si entendiera, mientras movía el rabo agradeciendo las caricias.

               Alberto siguió hablándole mientras recorría con la vista los alrededores.

 

               -Este si que es un buen sitio…-dijo dirigiéndose al perro- Una casa en la cocorota de un cerro..., rodeada de monte, con una laguna cerca... Aquí si que se ve bien el cielo por la noche ¿eh Lucas?.. Venga- y echó a andar en dirección a la casa-, vamos a tomar un bocado.

 

               Abrió la puerta, entró y dejó encima de la mesa del salón el macuto con la merienda que su mujer le había preparado. Después de lavarse, compartió el bocadillo con el perro y salió a la calle.

 

               -Vamos a dar una vuelta, Lucas. Esta tarde bajaremos hasta la laguna a ve los patos, que ya deben de estar criando.

 

 

                              ………………………………………………………..

 

 

               Hacía dos años que Alberto, un hombre corpulento que rondaba los cincuenta, casi calvo y con una espesa barba, al que le gustaba el campo, había comprado aquella casa medio derruida a pocos kilómetros de la ciudad con la idea de reconstruirla. Luego a luego se jubilaría de su empleo de conserje en el Instituto-pensaba- y se iría a vivir allí con su mujer. Para entonces, sus hijas se habrían casado seguramente y llevarían a los nietos a pasar los veranos a casa de los abuelos, en plena naturaleza.

 

               Casi todas las tardes, al salir de trabajar, solía ir con Elena, su mujer, a ver la marcha de las obras. Daban una vuelta, hacían proyectos, bajaban paseando hasta la laguna…. Se estaba tan bien oliendo a tomillo y romero y subiendo y bajando cerros. Luego, anochecido, volvían a la ciudad.

 

               Aquella tarde de mayo, Elena se había quedado en el piso, limpiando, y el había decidido dar un garbeo por la casa nueva. Estaba prácticamente terminada, solo quedaban los oficios. Quizás para Julio-pensaba- podrían venir a pasar el mes de vacaciones.

 

               Cuando llegó a la morra, el espectáculo era precioso. El sol reflejaba en el agua  haciéndola brillar y una bandada de patos en formación sobrevolaba la laguna. Serían las cinco de la tarde cuando pisaba los primeros carrizos y Lucas levantó una focha  que salió asustada y graznando….

 

               -¡Ahí va, Lucas!  ¡Anda con ella!

 

               Entre juncos, chapoteando, bordeó la laguna. Lucas que iba delante olisqueando, de pronto, se puso de muestra…

 

               -¿Qué pasa Lucas? Una pata que tiene nido-pensó-

 

               El perro, que no rompía la muestra ni por una apuesta. De vez en cuando volvía la cabeza, esperando a que su amo se acercara.

              

               Alberto, andando despacio, había llegado hasta donde estaba Lucas, pero por más que miraba entre el carrizo no veía nada.

 

               -Quita- y apartó cariñosamente al animal- Aquí no hay nada…

 

               Pero Lucas que no estaba dispuesto a quedar en ridículo, seguía metiendo el morro entre la broza, señalando… ¡Aquí, so zorro!..¡Mira aquí!

 

               Alberto, apartó con el pie la broza, y allí, casi al borde del agua….

 

               -¿Y para esto, tanto…? Pero si es un nido…- y mirando a Lucas-¡Vaya un perro de caza que estás hecho!

 

               Se agachó, metió la mano entre los juncos y sacó el nido entero. Cuando miró dentro, un escalofrío intenso le recorrió la columna vertebral.

 

 

                                            …………………………………………………

 

 

               -Buenas tardes.

               -Buenas tardes, ¿usted dirá?

               -Pues…, quería un microscopio.

 

               El dependiente de la óptica le mostró varios, mientras le canturreaba las cualidades de cada uno y los precios.

 

               -No, no, yo quiero el más potente que tengan. No importa el precio.

               -¡Este, sin dudar!-dijo el vendedor- Con este podrá usted ver hasta….y no acertaba a encontrar la palabra que definiera la cosa más pequeña del mundo…

               -Bien, me lo llevo.

 

               Alberto pagó, salió a la calle y se dirigió a su casa. Cuando llegó, se encerró en su habitación  y le dijo a Elena que nadie le molestara.

 

 

                                            ……………………………………………………..

               -¿Gonzalo?

               -Si, ¿de parte de quién?

               -De Alberto.

               -Un momento, que ahora se pone.

 

               Al otro lado del teléfono, se oyó gritar… ¡Gonzalo, es para ti!, ¡Es Alberto!

               -¿Si?...  

               -Hola Gonzalo, soy Alberto, el conserje del Instituto…

               -¡Ah, si!, dime

               -¿Podrías venir a mi casa?

               -¿Ahora?

               -Si.

               -Pero si son las once de la noche…

               -Es igual. Haz el favor de venir..., es importante.

               -Bueno, voy para allá.

               -Gracias, te espero.

 

               Al terminar de hablar por teléfono, Alberto se encerró de nuevo en su habitación.

 

               Durante los dos últimos meses, pasaba allí la mayor parte del día y de la noche. Incluso en un par de ocasiones fingió estar enfermo y le pidió a su mujer que llamara al trabajo para decir que no iría. Elena, que estaba preocupada por el extraño comportamiento de su marido, había tratado de que le explicara lo que ocurría, pero él había contestado con evasivas y con una enigmática sonrisa...” No te preocupes, pronto lo sabrás,… si es que consigo averiguarlo”.

 

               -Buenas noches, Elena

               -Hola, Gonzalo, pasa... está en el estudio.

 

               Cuando llegó a la habitación, Alberto le invitó a entrar.

 

               -Pasa, pasa…

               -¿Tan urgente era…?

               -Si, anda lee-y le tendió un folio.

               -¿Qué es esto?

               -No sé…, tú eres profesor de historia, idiomas, ciencias exactas y… no sé cuantas cosas más. Te has pasado la vida estudiando ¿no?

 

               Gonzalo, con la hoja de papel en la mano, sacó las gafas, de cerca, y se las puso. Miró atentamente los extraños signos que había dibujados…

 

               -¿De donde lo has sacado?

               -De aquí,-señaló el montón de palitos y cañas, como un cestito, que había sobre la mesa.-

               -Pero si es un nido de patos…

               -No exactamente. Los huevos de pato son mas pequeños, y ovalados… y de calcio. Estos- señaló al interior el nido- son poliédricos, como dos pirámides unidas por la base…, azueles…, y de no sé que sustancia…, parece cristal… ¿sabes que idioma es este?- le tendió el bloc.

               -Parece arameo… ¿también estaba en el nido?

               -Si, escrito en las paredes del huevo. Mira- y le pidió que se acercara al microscopio-

 

               Gonzalo se quitó las gafas, observó a través e la lente y después de un momento levantó la vista…

 

               -¿Quieres decirme que todo estaba ahí?- y retiró el triángulo azul, casi transparente, que había debajo del microscopio.

               -Exacto. Tu mismo lo has visto.

               -¿Y has copiado todo lo que hay escrito en ellas?

               -Si, aquí está- le tendió un bloc, de al menos cien hojas, escrito por las dos caras-

 

               Gonzalo no daba crédito a lo que estaba viendo.

              

               -¿Tienes un diccionario de arameo?

               -Si, ahí- señaló la estantería, llena e libros-Ven siéntate, que te voy a contar como ha ocurrido todo...

 

               Y despacio, Alberto, empezó a relatar lo de aquella tarde en la laguna. Estuvieron hablando hasta las seis de la mañana.

 

 

                              …………………………………………………………..

 

 

               Gonzalo estaba como ausente. Miraba los dos huevos que Alberto había reconstruido pacientemente, y que ahora estaban en el nido de patos encima de la mesa. Su vista iba del cestito a la traducción, mientras repetía a media voz…

 

               -Entonces…, el de color azul es… y aquel otro, casi sonrosado…

 

               Alberto, de pie junto a la ventana, veía como amanecía. Hasta ese momento no había tenido valor para contarle a Gonzalo, como aquella tarde, en la laguna, cuando tomó el nido de sus manos, vio varios cientos de pequeños seres del tamaño de hormigas, salir de los huevos, y perderse entre el carrizo…

 

               Se dirigió a la estantería, tomo una pequeña cajita y volcó su contenido en el cristal del microscopio.

 

               -Mira, Gonzalo, estaba entre la broza del nido.

 

               Cuando su amigo levantó la cara del microscopio, estaba blanco como la cera.

 

               -Pero si es…

               -Si, un hombre en miniatura. Estaba muerto... Quizás lo pisaron sus congéneres cuando Lucas descubrió el nido y, asustados, salieron de estampida…

 

               Volvió a ponerse las gafas y, en voz alta, repitió la traducción que había hecho del título del librito que había dentro del huevo sonrosado… “Manual de instrucciones y comportamiento para los nuevos habitantes del planeta Tierra…”

              

©isidromartinezpalazón  febrero 1996

 

 

 
                              

               Ya están aquí.              10

 

             Aquella noche, como casi todas, después de cenar en la cocina, Luis y su familia se sentaron en el salón, junto a la mesa camilla, a charlar un rato y ver la televisión. Después de dar un repaso a los canales, optaron por un programa de la tercera cadena.

 

               El presentador estaba entrevistando a algunas prostitutas sobre el asesinato de una compañera, ocurrido unas noches antes en la gran ciudad.

 

               -¿Quién cree usted que ha podido ser?

               -No sé-contestaba una mujer que rondaba los cuarenta, de aspecto miserable-quizás el hombre que vivía con ella, o os cabezas rapadas.

               -No digas eso-le corrigió una amiga- que luego, sea quien sea, puede venir por nosotras y hacernos lo mismo que a esa desgraciada.

 

               El cámara, en una panorámica, trataba de mostrar el ambiente de aquella zona de la ciudad a las tres de la madrugada. Era desolador. A la luz de los faros de los coches que circulaban se veían en la acera mujeres medio desnudas que trataban de llamar la atención de los conductores. Después alguno paraba, y tras una breve conversación, se las veía subir al vehículo, que arrancaba de nuevo.

               El presentador, se acercó a un hombre joven vestido elegantemente, que estaba a menos de diez metros de donde rodaban la entrevista.

 

               -Oiga, por favor, ¿conocía usted a la víctima?

 

               El hombre rehuyó hablar, pero el cámara ya había tomado un primer plano y su cara apareció en la pantalla de la televisión.

 

               -No,-contestó-Yo no sé nada…y ¡déjenme en paz!

 

               De pronto, Luis se levantó del sofá y se dirigió al dormitorio. Al momento, asomó con una escopeta de caza en la mano y sin decir una sola palabra, ante el estupor de su mujer y de su hija, disparó sobre el televisor que saltó echa añicos.

 

                                            ………………………………………………..

 

 

               -¿Es todo lo que recuerda?

               -Si, Eso y que después llamé al 091 para pedirle a la policía que por favor me encerraran…

               -¡Pero si la televisión era suya! Además no había cometido ningún crimen; en todo caso un arrebato… Eso no está penado…, le puede pasar a cualquiera. ¿No?

               -Es igual, déjelo..., aquí estoy bien.

               -Ya...,-comentó el doctor- y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

 

 

               Luis, a sus  cuarenta y cinco años, dirigía la delegación de una compañía de seguros y, según quienes le conocían, no era precisamente un hombre desequilibrado. A decir de sus amigos, era tranquilo, comprensivo y agradable.

 

               Vivía en un piso en las afueras de la ciudad con su mujer y sus dos hijos pequeños y era muy aficionado a la fotografía y los ordenadores.

 

               Entonces, ¿por qué?-se preguntaba el director del centro psiquiátrico, mientras, sentado en su despacho  ojeaba el expediente de Luis.

              

               Llamaron a la puerta y el doctor Moya entró.

 

               -Pase, pase, Moya...que, ¿ha visto a Luis?

               -De allí vengo, D. Sebastián. He estado hablando con él y dice que no quiere que le demos de alta.

               -Pero si lleva aquí casi seis meses. Su mujer está desesperada, dice que si no tiene nada, donde mejor está es en su casa, con su familia... ¡y tiene razón! Además nosotros no podemos retenerlo aquí eternamente. ¿Que dicen los test?

               -Pues..., que es un hombre equilibrado e inteligente.

               -¡Pero no quiere irse! Dice que si se marcha de aquí cometerá alguna locura y, en esas condiciones, a mi me da miedo dejarlo suelto… ¿Le ha observado mientras está en su habitación solo?

               -Si y sigue como siempre, completamente normal. Solo eso, que…-y empezó a hacer con las manos como si dibujara en el aire- Ya sabe usted..., pero yo estoy convencido de que son manías. Todos tenemos alguna y no por eso estamos encerrados en un psiquiátrico... ¿No?

 

               El director dejó el expediente de Luis sobre la mesa y se arrellanó en el sillón.

 

               -Bueno, Moya, déjeme pensar este fin de semana en el asunto y el lunes tomaré una decisión... Nada mas, muchas gracias y… adiós.

               -Adiós- y salió y cerró la puerta.

 

 

 

                              …………………………………………………………………

 

               Había pasado el sábado y el domingo viendo una y otra vez la grabación que un amigo de televisión le había conseguido, del programa que indiscutiblemente había sido el desencadenante del comportamiento del paciente, pero no vio nada anormal.

 

               El hombre que no había querido ser entrevistado por la televisión era un personaje corriente, incluso diría que elegante-pensaba el doctor-, aunque tenía una cara un poco extraña..., la frente un poco arrugada y como picada de viruela,  pero…nada más.

 

               Ahora, a través del cristal disimulado tras un espejo, Sebastián observaba a Luis desde la habitación contigua.

 

               -¡Maldita sea!-susurró Sebastián-ya está, otra vez, dibujando cosas y esta vez en el cristal de la ventana. El no está loco, pero nos va a sacar a todos trastornados... ¿Que pintará?..¡Voy a hablar con el!

 

               Cuando oyó que llamaban a la puerta de su habitación, Luis pasó rápidamente la mano por el cristal, tratando de borrar lo que había escrito.

 

               -Pase…

               -Buenos días, Luis. ¿Cómo se encuentra?

               -Bien, aquí dentro muy bien. ¿No pensará darme el alta, verdad?

 

               Sebastián tomo una silla y se sentó junto a él al lado de la ventana. Era febrero y, aunque en la calle hacía frío, allí dentro se estaba bien.

 

               -Mire usted, Luis-no sabía como empezar-Lleva aquí cerca de seis meses. Durante ese tiempo le hemos hecho pruebas psíquicas y su estado es el de un hombre normal, incluso mas inteligente que la media…-le miró a los ojos con ternura- Su mujer y sus hijos están deseando verle en casa, ellos le quieren. Tiene usted muy poca edad para renunciar a tantas cosas bonitas como hay ahí fuera-dijo señalando la calle-Si no me da una poderosa razón, no podré tenerlo aquí enclaustrado por mas tiempo.

 

               -Pero es que ahí afuera…

               -¿Qué pasa ahí, Luis?

               -Pues que están por todas partes. Incluso aquí dentro hay alguno de ellos... Si salgo, no tendré más remedio que matar a todos los que pueda.

 

               Sebastián se quedó expectante, animándolo con la mirada a que continuara hablando.

 

               -¿Quiénes están ahí afuera?

               -¿No ha visto usted el hombre de la entrevista de la televisión?

               -Si, mas de cien veces, pero no he descubierto nada anormal…

 

 

               Luis se levantó, fue hasta la cama y regresó con un libro que tenía bajo la almohada. Lo abrió por donde tenía puesta una señal y se lo dio a leer.

 

               Estuvo leyendo durante un rato sin hacer comentario alguno; luego hablaron más de dos horas y al terminar; Sebastián  tocó el pulsador que había sobre la cama. Al momento se abrió la puerta y entró una enfermera.

 

               -Dígame, Don Sebastián.

               -Avise al doctor Moya. Dígale que haga el favor de venir.

 

               Cuando la enfermera cerró la puerta, Luis siguió hablando en voz baja.

 

               -¿A que parece increíble?

               -Desde luego, pero si está en lo cierto la cosa puede ser muy grave. ¿Y dice usted que los ha visto por todas parte?

               -Si, cuando en alguna ocasión mis suegros se han quedado con los críos hemos salido mi mujer y yo con los amigos, a cenar y a bailar… En la discoteca, y en las calles..., y de todas las edades. Se acuerda usted de aquel chico que mataron en la puerta de la discoteca, hace no mucho, de un navajazo…

               -Sí

               -Pues yo estaba allí esa noche y, aunque no vi exactamente quien fue, cuando llegó la policía y observé las caras de los chavales... Hubiera podido jurar, sin miedo a equivocarme quien lo había hecho. Estaban allí, en primera fila, tan tranquilos… incluso preguntando, con desfachatez, que había pasado….

               -¿Y tenían esa marca en la frente?

               -Si, igual que el presentador de televisión y que…

 

               En ese momento, la puerta se abrió y apareció el doctor Moya.

 

               -¿Quería verme, Don Sebastián?

               -Si. Haga el favor de acercarse y, por favor frunza el ceño..., vamos… que arrugue la frente…

               -Pero… ¡vaya tontería! ¿Que juego es este? Si vamos a hacer lo que los internados quieran, vamos a salir todos locos…

               -¡Por favor, haga lo que le he dicho!

               -Está bien… ¡Lean quién soy!- y frunció el ceño mientras señalaba con el dedo los signos que aparecía en su frente y sus ojos se hacían grandes hasta dar la sensación de que iban a salirse de las órbitas. Reía a grandes carcajadas como si estuviera poseído.

 

               Después, sin dejar de reír, salió de la habitación mientras repetía, una y otra vez, a grandes voces.

 

               -Estamos por todas partes… ¡Ja!, ¡Ja! Es nuestro  tiempo... El tiempo ha llegado. No importa  que nos descubráis, ya es demasiado tarde….

 

               Sebastián se acercó, con el libro en la mano, a Luis, que en el vapor de agua condensado en los cristales, escribía una y otra vez, como si estuviera en el colegio haciendo una muestra; y en voz baja repitieron juntos, como si se tratara del estribillo de una canción, lo mismo que habían leído en la frente de Moya… y en la Biblia…”666- La marca de la Bestia”

 

 

© isidromartínezpalazón. Febrero 1996

 

               
                      La casa del Molino                 11

                                          

                         El molino era una casa grande a orillas de lo que un día fue un hermoso río.

                              Cuando el abuelo Juan Antonio la compró, no era mas que un viejo molino en ruinas, pero a base de ingenio, de miles de horas de trabajo y de casi todos sus ahorros, la había convertido en la preciosa y confortable casa de campo que ahora era, en medio de un amplio valle, en el que enormes chopos canadienses y grandes zarzales dibujaban el cauce por el que discurría un arroyo que cantaba en invierno y primavera y, cuando llegaba el verano, se limitaba a sonreír tímidamente.

 

               Estaba a una hora de camino de la ciudad, en coche, y sería muy agradable pasar allí, además de los fines de semana, largas temporadas en verano con sus hijos y nietos, cuando se jubilara- pensaba Juan Antonio.

 

 

               -…Y esa es la historia de la casita que el abuelito construyó para que su nieto Javi, con sus primos, fuera en el verano a cazar ranas, a bañarse e n el río… y a buscar niños de pájaros en los zarzales… ¿me escuchas hijo?..

 

               -Si, papá... y entonces, cuando llegamos… ¿El abuelito me llevará al río?..

 

 

               Era casi de noche cuando el “Twingo” color granate, a ochenta, se tragaba las curvas bien señalizadas de la carretera, bajo la luz de los potentes faros.

               Jóse conducía tranquilo mientras contaba la historia a su hijo Javi, un precioso chiquillo de cuatro años, moreno como él, que a su lado hacía verdaderos esfuerzos para no dormirse. En el asiento de atrás, Terry, un cachorro de Fost-Terrier, adormilado, de vez en cuando gruñía.

 

               -Mira, papá- y el crío abrió los ojos como platos y señalo con el dedo-,una estrella que se ha caído del cielo…¡la has visto!.

 

               -Si, seguro que ha caído por “El molino”. Demasiado grande para una estrella fugaz-pensó Jóse-, y no le dio más importancia.

 

               Unos minutos después, el coche se detenía delante de la casa. Era una noche de febrero, cuajada de estrellas. En el valle, las copas de los chopos se recortaban contra el cielo como gigantes y hacía frío.

 

               Dejó el coche con el motor en marcha y los faros iluminando directamente la puerta. Bajó la bolsa con la cena y la ropa de campo y abrió.

 

               -Baja, Javi, el abuelito ha dejado la chimenea encendida, ya verás que bien lo vamos a pasar.

               -Voy, papá.., ¡Venga Terry!

 

 

               Antes de entrar, el perro ladró en dirección al río y luego, jugueteando, siguió al chichillo hasta dentro de la casa. Jóse había encendido las luces y sacaba la bolsa de los bocadillos.

 

               -Ven, Javi, siéntate junto a la chimenea; ya verás que calentito  se está. Toma, este de jamón y queso para ti, y el de chorizo para mí. ¡Anda empieza a cenar, que voy a cerrar el coche y ahora mismo vengo!

               -Papá, ¿y los abuelos?

               -Se han ido a la ciudad. Mañana por la mañana vendrán otra vez y pasaremos el fin de semana juntos... ¡Anda, come!

 

               Jóse entró, cerró la puerta y se sentó junto al fuego.

 

               -¿A que está bueno el bocadillo?

               -Si, papá.

 

               Cuando terminaron de cenar, Jóse cogió a su hijo en brazos, encendió un cigarro y se acomodó en el sofá frente al fuego. Terry, echado a su lado, miraba la lumbre.

 

               -Papá, cuéntame un cuento- y el chiquillo se acurrucó en su pecho.

               -Había una vez……

 

 

               De pronto, Jóse volvió la cabeza y vio a través de la ventana un gran resplandor. Apenas duró un segundo. Era como si un choche con las luces encendidas hubiera cruzado por enfrente de la casa a toda velocidad. Pero era extraño, no había oído ningún ruido de motor, ni nada... ¡Bah!-pensó- serán figuraciones mías. Además ahí abajo está el río.

               Un minuto después tuvo la misma sensación, pero esta vez hasta Terry había levantado la cabeza…Gruñó un poco, volvió a  meter el morro entre las patas delanteras y se quedó dormido.

               Jóse empezó a sentirse inquieto, pero cuando se preocupó de verdad fue cuando toda la habitación se iluminó por arte de magia.

               Se puso en pié y se acercó a la ventana. La luz venía del río.

 

               -¡Allí está, papá!- le gritó Javi, señalando con el dedo la gran bola blanca, del tamaño de una casa que estaba posada en el río y, asustado, bajó la voz-

               -Ya la veo-contestó Jóse-. No hagas ruido.

              

               Todo el valle se había iluminado y se podían ver las ramas de los árboles como si fuera de día.

 

               -Javi, ¿Quieres que vayamos a ver que es?

               -Si, papá.

 

               Abrieron con mucho cuidado la puerta de la casa para no hacer ruido, se cogieron de la mano y, agachados para no ser vistos, bajaron por la senda hasta la orilla del río.

               Cuando llegaron a veinte metros de la esfera luminosa, se tumbaron en el suelo y gatearon con la cara pegada a la hierba… Alguien estaba hablando…

               Eran cinco gigantes que medían casi cuatro metros. Iban vestidos con trajes de cuero negro ajustados y ocultaban sus caras dentro de un casco, también negro. Solo se les veían los ojos, que eran rojos y brillaban como ascuas encendidas… Una gran capa, negra por fuera y roja por dentro, les cubría…

               El que hablaba, que parecía el Jefe, llevaba en la mano derecha un anillo blanco que daba una gran luz y se lo enseñaba a los demás gigantes con orgullo.

 

               -¡Ahora, yo,!-gritaba- Morlan, el Príncipe de la Zona Oscura del Universo, soy el más poderoso. Esto lo demuestra, mirad…-y dirigió el anillo hacia el monte que había enfrente…

 

               Un rayo de fuego salió del anillo, y el monte desapareció…

 

               -Y lo mismo puedo hacer con aquella casa de seres terrestres-y señaló El molino.

              

               -Papá, -dijo Javi- Esa es la casa del abuelito Juan Antonio.

               -Calla, Javi, que nos van a oír…

               -Pero, papá….

 

               En aquel momento, el cielo se iluminó y una esfera igual que la que tenían delante, pero aún más brillante, se posó a menos de cinto metros de donde estaban Javi y su padre.

               De ella bajaron tres gigantes. Todos vestían trajes blancos, con cinturones de oro. Sus cabellos eran largos y rubios…, casi dorados.

 

               -Papá, ¿Has visto?. Estos si tienen cara…¡y se les ve muy bien con la luz tan blanca que les sale por los ojos!.

               -¡Calla, Javi!-dijo Jóse, poniéndose un dedo en la boca en señal de silencio- Si nos descubren nos harán desaparecer como el monte….

 

               El más alto de los recién llegados se dirigió a Morlan…

 

               -Soy Good, el Príncipe de la Zona Blanca del Universo, y vengo a por el anillo que me robaste, ¡Maldito!

               -Nadie me lo arrebatará- gritó Morlan-¡Lucharemos!

 

               Lo que pasó a continuación, fue terrible…………..

 

               Morlan, de pronto, se transformó en una horrible serpiente. Por entre sus dientes, grandes como los colmillos de un elefante, salió un rayo verde y viscoso que fue a golpear a Good en el pecho.

               Los demás gigantes, blancos y negros, permanecían paralizados… Estaban luchando los Jefes.

               Good, tendido en el suelo, tenía en el pecho una herida tremenda y parecía que iba a morir.

 

               -¡Maldito Good!-chillaba Morlan que había vuelto a transformarse en gigante y se disponía a destrozar a Good con su espada de fuego… ¡Estás vencido! Tengo tu anillo y todo el poder es mío. ¡¡¡Te haré desaparecer, como hice con ese monte….!!!!!

              

               Sin pensarlo, Javi se levantó y echó a correr gritando hacia donde estaba Morlan...

 

               -¡¡¡No, No dejaré que le mates…!!!

 

               Iba vestido con su traje de Power Ranger y, antes de que Morlan se diera cuenta, le quitó el anillo y se lo puso en el dedo.

 

               -Tu eres quien va a morir... ¡Maldito demonio negro!-y apuntó con el anillo directamente al corazón del “Gigante Negro”…

 

               Un rayo partió del anillo y el Jefe de los gigantes negros desapareció.

              

               Javi se acercó a Good y le entregó el anillo.

               -Toma, es tuyo…

 

               Good se levantó y cuando puso el anillo en su dedo, la herida del pecho se cerró al instante…

              

               -¿Qué vas a hacer con los gigantes negros?- le preguntó Javi.

               -¿Quiénes?-contestó Good…-Al destruir a Morlan, has hecho desaparecer a los demás.

 

               Javi miró a su alrededor, y sólo vio una esfera de luz a la que subían los dos gigantes blancos...

 

               -Toma este anillo verde, Javi- digo Good, y se lo puso en el dedo-Es como el mío, pero para niños valientes como tú.

               -Gracias, Good.

               -Gracias a ti por salvarme la vida, Javi... , y recuerda, cada vez que vengas al Molino con tu papá, cuando se haga de noche, ponte el anillo y busca en el cielo esa estrella-señaló Venus-…entonces verás la esfera de luz en la que viajo por el universo.

 

              

               Good subió a su esfera y unos segundos después se elevó del suelo a la velocidad de la luz y se perdió en el cielo…

              

               El valle se quedó oscuro y Javi echó a andar por la senda que llevaba al Molino…

 

               -¿Y mi papá?... ¡Papá!, ¡Papá!- comenzó a gritar-

               -Si, hijo, dime…

               -Me creía que te habías perdido… No te he visto cuando veníamos del río… ¿Has visto a Good?.. ¿Y a Morlan?..

 

               Jóse se había puesto de pié con el chiquillo en los brazos para llevarle a la cama.

 

               -Se estaba tan bien aquí, durmiendo junto a la chimenea... ¡Hala, a acostar!..

 

 

               Con el chiquillo en brazos, se acercó a la ventana y miró fuera… ¡Que frío tiene que hacer!- pensó.

 

               -Papá, ¿has visto esa estrella?

               -Si, es Venus… ¡Como brilla!

 

               En ese momento, una estrella fugaz cruzó el cielo….

 

               -Mira papá, ahí va Good

               -¿Good?, ¿Quién es Good?

               -El de la esfera de luz, en el río... ¿No te acuerdas?

               -Pues, no. ¡Anda  que debes de haberlo soñado...!

 

               Jóse, con su hijo dormido en los brazos, subió las escaleras que llevaban al piso de arriba, donde estaban los dormitorios.

               Abrió la cama, le puso el pijama y lo acostó.

               Cuando fue a besarlo, para desearle buenas noches, el chiquillo, entre sueños, le dijo...

 

               -Papá, en esa bola blanca de luz iba Good, el Guardián del Universo…

               -Si, hijo. Ahora… a dormir.

 

               Jóse, bajo las escaleras  despacio, pensativo. No recordaba haberle comprado a Javi aquel anillo verde tan bonito que llevaba en la mano derecha y que brillaba como si tuviera una luz dentro….

 

               -¡Bah!-pensó, mientras con el recogedor amontonaba los brasas en el centro de la chimenea, antes de irse a dormir-“Se lo habrá encontrado por ahí…, jugando”.         

 

 

© isidromartínezpalazón. Febrero 1996

 

      

                   

 

                                               Rafael                  12

 

 

                                    Rafael, gerente de una prestigiosa empresa de envasado y elaboración de café, cerró el maletín, cogió el abrigo y, después de apagar la luz de su despacho, se despidió de la secretaria hasta el lunes.

              

               La semana había sido dura-pensó-mientras abría la puerta de su coche, un todo terreno de color gris plateado. Después de acomodarse puso el motor en marcha y el automóvil rodó perezoso hasta la salida de la fábrica. Luego, al enfilar la carretera, ganó velocidad y se perdió en la noche camino de la ciudad.

 

               Al llegar a una curva cerrada, los faros de un camión que asomó a toda velocidad le deslumbraron. Dio un volantazo tratando de evitar el coche frontal y perdió el control. El todo terreno se salió de la carretera y, después de rodar por una suave, pero pronunciada pendiente, volcó.

 

               En el hospital, donde le atendieron, le apreciaron fractura de tibia y peroné de la pierna derecha y un fuerte golpe en la cabeza. Después de cinco días en observación le mandaron a casa con la condición de que guardara reposo hasta que, dentro de tres meses, le quitaran la escayola.

 

               Vivía en una urbanización cerca de la ciudad y, al principio, estas vacaciones forzosas le hicieron ilusión. Pasaría el día en casa, sentado en el salón, frente a la chimenea encendida, con la pierna escayolada sobre un puf, leyendo. Era una de sus aficiones favoritas y, ahora que no tenía otra alternativa, pensaba disfrutar con tranquilidad de los libros que había ido comprando y amontonando, en espera de que el trabajo en la fábrica le dejara algún tiempo libre.

 

               Dos meses después, los había leído prácticamente todos. Por eso, cuando el médico le recomendó que empezara a dar pequeños paseos, para que la pierna rota no se descalcificara ni perdiera masa muscular, por falta de ejercicio, se alegró. ¡Ya tenía ganas!-pensó- tanto tiempo inactivo…La verdad es que se encontraba bien; solo aquel dolor de cabeza que, de vez en cuando le martilleaba las sienes y que sin duda era producto del accidente, y sobre todo…¡Bah!, serán imaginaciones mías.

 

               Aquella mañana, después de desayunar con su mujer y sus hijos como siempre, vio como Elena montaba a los críos en el coche. Los llevaría al colegio, y después iría al Instituto, donde daba clase como profesora de Geografía e Historia. Los despidió desde la puerta y entró en casa….

 

               Fue a la cocina, recogió las tazas del desayuno y, después de fregarlas y ponerlas a escurrir, miró la fecha en el almanaque,..Catorce de febrero de mil novecientos noventa y seis… Cerró la puerta de la cocina y apoyándose en el bastón, se fue derecho al salón. Cogió un libre, se sentó junto al fuego y cerró los ojos.. Volvía el dolor de cabeza.

 

               Aunque no había dicho nada a su mujer, la verdad es que estaba preocupado. No por el dolor en sí, que era fácilmente soportable, sino por las sensaciones tan extrañas que venían después….

 

               La primera vez que le ocurrió, hacía apenas dos semanas, estaba sentado donde ahora y creyó que era un sueño. Había estado leyendo, y al calor de la lumbre, se quedó adormilado. Le despertaron aquellos pinchazos en las sienes y, oyó voces…

 

               Tal vez fuera en la calle, -pensó-quizás el jardinero. Se asomó a la ventana y no vio a nadie …

               Luego, el salón empezó a llenarse de gente… Su mujer, sus hijos, amigos…Pasaban, conversaban, incluso se vio a sí mismo…Era como asistir a la proyección de una película con escenas de la vida diaria de la casa. Muchas de las secuencias las había reconocido al instante.

 

               -Oye, Juanito-Era helena que hablaba con su hijo pequeño-, no te dejes los juguetes por medio, que después tengo yo que recogerlos…

               -Ya voy, mamá.

               -Jorge, apaga la televisión, por favor, y ven a la cocina que vamos a cenar-Esta vez era el mismo, Rafael, quien pedía a su hijo mayor que apagara la tele y se sentara a la mesa….

 

               No salía de su asombro. Se frotó los ojos para comprobar que no soñaba y se dio cuenta que estaba despierto cuando el libro que tenía sobre las rodillas cayó al suelo y tuvo que agacharse para recogerlo.. Luego, de la misma forma que habían aparecido, las imágines desaparecieron…, y cesó el dolor de cabeza.

 

               Antes de ayer-recordaba-fue mientras paseaba por la parcela. Acababan de marcharse su mujer y sus hijos. Les despidió desde la puerta de la casa, como siempre, y decidió andar un poco. Al llegar a los jardines de rosas, junto a la fuente, sintió un pinchazo en la sien y volvió la cabeza… Su mujer-que por cierto estaba preciosa-, vestida de “trapillo”, con una escoba metálica amontonaba las hojas caídas de los árboles. Las imágenes eran reales y debían de ser de cuatro o cinco años atrás…, de cuando no tenían jardinero.

 

               Andando despacio, se acercó y le habló, pero ella no le contestó. Incluso intentó tocarla, pero no pudo, era como tratar de agarrar con las manos el aire.

 

               Después entro en casa. La cabeza le dolía más fuerte que de costumbre y por poco pisa a su hijo Juan, que en el suelo, jugaba con un cochecito de bomberos. El chiquillo ni le miró y siguió a lo suyo.

 

               -¡Buuuuuuuuuuu,… fuego, llegan los bomberos!

 

               Fue hasta la cocina y vio a su hijo mayor sentado a la mesa, haciendo los deberes del colegio, mientras Elena preparaba unas empanadillas en la freidora y, de vez en cuando, volvía la cabeza explicándole algo al crío…

 

               -No, Jorge…, para sumar números quebrados…

               -Oye, Elena, ¿Puedes oírme?

               -Pero mamá, si el profesor nos ha dicho…

               -Que no, Jorge, le habrás entendido mal…

 

               -¡¡¡¡Elena!!!,¡¡¡Jorge!!!. Nada, no pueden oírme, ni verme….

 

               Y de pronto, cesó el dolor de cabeza y las imágenes se difuminaron.

 

 

 

                              …………………………………………………………………

 

 

               Había pensado mucho sobre ello y tenía la cabeza hecha un lío. ¿Cómo es posible?-se preguntaba- Las imágenes son reales.., un poco desteñidas de color, pero reales…, y las había de todas las épocas…Reuniones con amigos que habían venido a casa a cenar…, luego habían hablado, reído, jugado al “trivial”… Incluso al pasar a su dormitorio, en una ocasión, se había ruborizado al verse a si mismo, haciendo el amor con su mujer….

              

               Algunas imágenes correspondían a personajes y épocas que desconocía. Debían ser de antiguos dueños de aquellos terrenos, cuando ni siquiera estaban urbanizados, ni mucho menos construidos. Había visto a un hombre, que sin duda era hortelano, recogiendo melones justo donde él tenía el garaje….

               Ahora le dolía fuerte la cabeza…, el salón empezó a llenarse de gente…¡Era el momento!. Se había propuesto que cuando esto ocurriera llevaría a cabo un experimento.

 

               Cogió el mando a distancia de la televisión y sintonizó un canal…-y empezó a reír- Ja, Ja, esto es… por lo menos de los años sesenta….

 

               Estuvo haciendo zapping un buen rato y tan pronto reía como se quedaba serio…

 

               Cada vez que cambiaba de canal hacía una fotografía de la pantalla…, y así estuvo hasta que se le terminó el carrete…

 

               Luego se levantó del sillón y, apoyado en el bastón, echó a andar, recorriendo la casa. Le dolía fuerte la cabeza. En el salón, se encontró con su mujer y sus hijos.. En la cocina estaba también su mujer… hablaba con una amiga… Pasó al dormitorio de sus hijos y se vio a si mismo con el termómetro en la mano… el chiquillo estaba encendido como la grana…¡Cuarenta menos dos, decía Elena, a su lado, preocupada.., vamos a preparar la bañera y a darle un baño de agua templada…

 

               Salió a la puerta de la calle. La parcela parecía una feria, gente cosechando hortalizas.., el mismo podando los árboles, su mujer pintando las rejas de las ventanas del salón..

              

               Dos hombres con trajes brillantes pasaron a su lado, discutiendo cordialmente…

 

               La cabeza parecía que le iba a explotar y sintió que se mareaba.. Se le doblaron las piernas y cayó al suelo. Se quedó tendido boca arriba mirando el cielo.

 

               Tumbado como estaba, creyó ver a su alrededor seres luminosos y resplandecientes que flotan en el aire y peleaban ferozmente contra un enemigo que él, aunque lo intentaba, no conseguía ver…

 

               No podía distinguir sus caras, pasaban a su lado a velocidad de vértigo..¡Cuidado!-les gritó, porque parecía que iban a estrellarse contra las paredes del salón…, pero desaparecían engullidos por el muro de hormigón de la casa, para volver a aparecer después…

No sabía por qué, pero tenía la sensación de que el mundo se acababa…, que se moría…y se desmayó.

 

                                            ………………………………………………………………..

 

 

               Despertó en la cama del Hospital, frente a un gran ventanal…

 

               Reconoció la voz de su mujer que, de espaldas , en un rincón de la habitación, hablaba en voz baja con el médico…

 

               -Mire usted, señora, lo de su marido ha sido a consecuencia del accidente… ,Un desvanecimiento, pero nada importante. Ya ha visto la cantidad de pruebas que le hemos hecho en los quince días que lleva aquí.., y las radiografías de cabeza, y el TAC, demuestran que no tiene nada…

 

               -¿Entonces, doctor?

 

               -Nada, en cuanto despierte…. Unos días de recuperación y a casa.¡Ah!, y por supuesto a trabajar, que lo fundamental es que se distraiga.

 

               Rafa abrió los ojos despacito…, como con miedo.

 

               -¿Elena?

               -¡Ya ha despertado!. ¿Cómo estás, cariño?

               -Bien.., muy bien.

               Su mujer se acercó y le besó.

 

               Desde la puerta, el médico insistió – Nada, nada, Rafael, en cuatro o cinco días en casa-y salió .

 

 

                              ………………………………………………………………………

 

 

               No fueron cinco, sino doce días los que aún pasó en el Hospital.

              

               Cuando llegó a su casa lo primero que hizo fue llamar a Luis, un amigo aficionado a la fotografía que tenía un estudio propio, anunciándole que esa misma tarde  iría a verle para que revelara el carrete.

 

               Volvió a casa  con las fotografías, las escondió en un libro de la estantería y esperó a que su mujer se fuera a dormir. Luego, cautelosamente, cogió el libro y a oscuras se metió en el cuarto de baño y cerró la puerta. Encendió la luz, y las miró una por una….

 

               -Con que, de dónde había sacado esta porquería de fotos ¿eh Luis?-dijo en voz baja recordando las palabras de su amigo- mientras miraba, una y otra vez con la lupa, aquella en la que aparecía un presentador de televisión, vestido muy raro y detrás de él un globo terráqueo cuadrado.

 

               -¡Con que  del año 3000, ¿eh Luis?- y volviéndose hacia atrás, en voz muy baja- ¿Tú que opinas Miguel?...

               -Que está equivocado en la fecha… , dijo el hombre alto y moreno, con cara de ángel, que estaba sentado en el pico de la bañera. Tú mismo puedes ver la fecha que aparece en la foto…, debajo de la pantalla de televisión…

 

               -Entonces..¿Ocurrirá de verdad?

               -Bueno, sonrió con tristeza mientras movía afirmativamente la cabeza- A mi no me mires, lo hicisteis vosotros solitos…

 

               Rafael, recordó  las palabras del presentador que, vestido de manera rara, parecía, desde la foto, dar una vez mas la noticia….

 

               “Después de que el hombre destruyera la Tierra, cumpliéndose así la profecía Bíblica..., un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra han sido hechos…..Ahora-hizo énfasis el presentador- Dios gobierna.”

 

 

©isidromartínezpalazón. Febrero 1996.

 

                       Rosi            13

 



                     Desde la ventana, Lola vio como el coche de Víctor paraba delante de la casa y apagaba las luces.

 

Al momento, una chica bajó del automóvil, dio un portazo y, sin mirar atrás, corrió hacia el portal.

 

-Ya han vuelto a discutir-pensó-mientras la oía subir las escaleras.

 

Oyó el ruido de la llave en la cerradura y, al cerrarse la puerta, preguntó.

 

-¿Eres tú, Rosi?

-Si, mamá

 

Una chica menuda, de ojos verdes vivarachos y pelo rubio cogido en una trenza, entró en el salón.

 

-Ya habéis vuelto a discutir ¿eh?

-Si,-trató de sonreír- pero esta es la última.

-Mujer, siempre estáis como el perro y el gato…

 

-Es que no puede ser, mamá. Víctor es idiota, y yo más por confiar en él. Hemos terminado-y salió corriendo para que su madre no la viera llorar y se encerró en su cuarto.

 

Aquella noche no quiso cenar y se acostó pronto. Cuando a las tres de la madrugada su madre empujó la puerta del dormitorio, Rosi estaba llorando.

 

-¿Puedo entrar?-preguntó Lola.

-Pasa mamá, tengo que hablar contigo.

 

Lola se sentó en la cama y la abrazó.

 

-¿Qué te pasa?

-No sé como decírtelo, pero…

-¿Si?

-Es que,-y seguía llorando-estoy embarazada.

 

La madre siguió abrazada a Rosi, meciéndola…

 

-Ya lo sabía, hija mía,… no soy tonta.

 

………………………………………………………………………………………

 

 

Aquella tarde de abril, Lola había ido paseando hasta la puerta del colegio. Le gustaba recoger a su nieta, una chiquilla rubia, de ojos verdes y pelo anillado, que era el vivo retrato de su madre, cuando pequeña y que pronto cumpliría los seis años.

 

Era agradable esperar, con otros padres, a que los chiquillos salieran a la calle gritando en desbandada. Luego, le compraría alguna chuchería para merendar y se irían a casa a preparar la cena y a esperar a que Rosi  volviera del trabajo.

 

Claudia salió triste de la escuela. Besó a su abuela y, cogidas de la mano, volvieron a casa en silencio. Al llegar, mientras Lola planchaba, Claudia se puso a hacer los deberes.

 

-¿Te pasa algo, Claudia?

-No, abuela, es que…- se echó a llorar- ¿es que yo no tengo papá? Todos los niños tienen y van a esperarlos a la salida del cole y a mí….

-No  llores, querida-y se sentó en el sillón de orejas, junto a la ventana. La tomó en brazos  y la acurrucó contra su pecho. ¿Quieres que te cuente un cuento?

-Si, abuela- y se restregaba los ojos y lloraba-

 

-Había una vez…-y se quedó dormida.

 

………………………………………………………………………….

 

 

Rosi, después de cenar, se sentó delante de la televisión, junto a su hija y su madre; y cuando el presentador anunció un debate sobre el aborto, no puedo evitar que un escalofrío le recorriera el cuerpo.

 

Hacía ya doce años, pero lo recordaba como si hubiera sido ayer. El embarazo de Claudia, la negativa de Víctor a casarse y su sugerencia de que abortara.

Luego, cuando estaba tan indecisa y desesperada, ocurrió aquello tan extraño, pero a la vez tan bonito….

 

 

Más adelante-siguió recordando- consiguió el título de auxiliar de clínica, y empezó a hacer sustituciones en la Seguridad Social, como contratada. Poco a poco, su carácter extrovertido y alegre, y su profesionalidad la habían hecho prácticamente imprescindible en el servicio de neo-natos, donde trabajaba… La verdad, es que las cosas habían salido bien…

 

 

La voz del presentador la sacó de sus reflexiones.

 

-¿Te ha gustado, mamá?-preguntó Claudia.

-Si, pero tu abuela y yo, tenemos una historia más bonita, que además es real y que tú no conoces…

-¡Anda mamá!, cuéntamela…

 

Rosi miró a su madre y en sus ojos adivinó que había llegado el momento de contarle a Claudia la verdad. Al fin y al cabo ya tenía doce años y podría entenderla.

 

-Mira, Claudia.-y empezó a relatar lo que pasó la tarde en que, con su madre, acudió al ginecólogo decidida a abortar.

 

La enfermera les hizo pasar a la sala de espera. Rosi estaba nerviosa y los diez minutos que tardó en recibirlas el médico le parecieron una eternidad. Quería solucionar aquello cuando antes…

Cuando por fin el doctor les hizo pasar y le pidió que se desnudara y se tumbara en la camilla, temblaba como un flan…

 

-¿De cuanto tiempo está?- le preguntó

-De tres meses- contestó Rosi.

-¿Y está decidida a abortar...?

-Si, verá..., yo...

 

El médico la estuvo reconociendo y después de ponerle las escuchas en el vientre, se dirigió a Rosi, más blanco que la cera y desconcertado…

 

-No puede ser…, y volvió a ponerle otra vez  los auriculares en el vientre.

-¿Qué ocurre, doctor?- preguntó Lola.

 

El médico no contestó. Les hizo una seña para que guardaran silencio y siguió recorriendo con las escuchas el vientre de Rosi, como si buscara algo…

 

-Aquí, aquí...-dijo- y le tendió a Rosi los auriculares… ¡Dios mío, no he visto en mi vida nada igual!...

 

Rosi se puso los auriculares y permaneció en silencio unos minutos. Estaba como ausente, con la mirada extraviada y se puso a llorar…

 

-¿Qué pasa?-le preguntó Lola asustada.

 

Y Rosi, que no dejaba de llorar, repetía una y otra vez, en voz muy baja….

 

-Es una vocecita, y se oye como si estuviera muy lejos… Dice “mamá, déjame vivir… seré una niña y te querré siempre….”

                         

                                                                          OoOoo

 

 ©Isidromartínezpalazón. Febrero1996

                                                                                        

 

 







          Tal vez al pasar Navidad….    14

 

  

                              El tráfico era intenso. La viejecita esperó impaciente en la acera y, cuando el semáforo se puso en rojo y los coches se detuvieron, cruzó la calle con paso torpe.

 

               Al llegar a la otra acera, miró de pasada el escaparate de una tienda de modas y siguió andando hasta llegar a la verja de su casa.

 

               Era una casita de planta baja, con un jardín pequeño delante. Las macetas de claveles y geranios, pintadas de verde y perfectamente ordenadas, bordeaban el paseo que llevaba a un porche pequeño, recién blanqueado. Delante de la ventana, un hermoso prunus de hojas rojas daba sombra al macizo de violetas en flor.

 

               Llegó al soportal, sacó las llaves y con mano temblona abrió la puerta.

 

               -Bueno, otra vez en casa-pensó mientras cerraba la puerta-Dejó el manojo de llaves sobre el cubre radiador de la entrada y llevó la cesta con la compra a la cocina. Después, con paso cansino, entró al cuarto de baño, se miró en el espejo y se peinó un poco.

 

               Carmen, a sus setenta y ocho años, con el pelo completamente blanco, aún tenía fuerzas para llevar su casa adelante.

 

               Por las tardes, después de comer y quitar el friegue, solía sentarse en su mecedora, delante de la ventana del salón. Se tomaba un café y, de vez en cuando, aún se fumaba un cigarrillo negro…Después, echaba una cabezadita y se entretenía viendo pasar la gente por la calle o leyendo alguno de los cuentos que su marido, cuando joven, había escrito.

 

               -Hola, ¿eres tú...?

               -Si, Carmen, ¿Quién iba a ser si no...?

               -¿Como estás?

               -Bien, como siempre… ¿Y tú?

               -Pues ya ves..., vieja y achacosa-sonrió- pero vamos…, no puedo quejarme.

               -¿Y las chiquillas? ¿Sabes algo de ellas?

               -Si, ayer llamó Claudia desde no se que pueblo de Francia. Están bien…A su marido le han destinado a una iglesia en Inglaterra y se van para allá el mes que viene…

               -¿Y los nietos?

               -Marcos, el mayor, con anginas…y María bien..., hecha una muñeca. Dice su madre que están preciosos, y que a lo mejor para Navidad vienen a dar una vuelta.

               -Y de Mercedes, ¿que sabes?

               -¡Nada!

               -¡Esta cría…!

               -Ya sabes como es tu hija la pequeña, no sé de qué te extrañas. Llamó hace quince días desde Méjico. Andaban por allí con la orquesta. La verdad es que no sé cómo se las apañará con un marido predicador y músico, un crío pequeño… Embarazada otra vez, y tocando por ahí…, en fin.

               -Y ¿Cómo estaban?

               -Bien. Contentos de hacer lo que les gusta.

               -Si, pero ya va siendo hora de que sienten la cabeza… Eso de correr mundo está bien cuando se es joven, pero con treinta y tantos… ¿Han dicho algo de venir?

               -Si, también para Navidades. Quieren juntarse todos en casa de los abuelos, como hacían antes…

               -¿Y tú Carmen? ¿No te decides a venir conmigo?

               -Que mas quisiera yo, si dependiera de mí…

               -¿Te acuerdas de los proyectos que hacíamos para cuando las chiquillas se casaran y nos jubiláramos…?

               -Si,-se le iluminaron los ojos y se le escapó una lágrima.

               -Nos íbamos a comprar una caravana y a recorrer el mundo los dos solos… ¡Hay tantas cosas preciosas que ver!..Por favor, Carmen, no llores…

               -No, si no lloro, ¿Te acuerdas, cuando éramos jóvenes, Juan? ¡Cuantas cosas hemos hecho juntos!

               -Si la verdad es que hemos sido valientes.

               -¿Y de cuando compramos nuestra primera casa?-Carmen entornó los ojos, tratando de hacer memoria-, aquel chalet en la ciudad…, con jardín.

               -Vaya si me acuerdo. No teníamos ni para los muebles…Allí nacieron las hijas y fuimos felices ¿Y cuando se te metió en la cabeza irnos a otra casa?

               -¡Calla, anda!, que me llevaste a vivir al campo.

               -¿Y qué…? tampoco nos fue tan mal.

 

               La cara de Carmen, llena de arrugas, se alegró y rió de buena gana.

               -Si, trabajando como una mula… Venga a quitar hierbas y a recoger hojas en otoño…, y a cortar el césped y yo que sé cuantas cosas más… Bueno, la verdad es que lo pasamos bien. En verano la piscina, con el agua tan limpia y las siestas...

               -¿Te acuerdas de las siestas, Carmen?- y Juan sonrió con malicia-

               -¡Calla, picarón!...La verdad es que fuimos muy felices, ¿Tu fuiste feliz, Juan?

               -Mucho. Creo que éramos felices porque siempre estábamos juntos.

 

               Juan se acercó a ella, le cogió la mano y la besó con dulzura en los labios.

 

               -No me beses, que estoy fea…, tan arrugada y vieja…

               -No digas eso, estás preciosa, como cuando te conocí. ¿A que no te acuerdas como fue?

               -Si que me acuerdo. Fui a que me dieras clases de guitarra. Ya ves tú..., yo que nunca he tenido oído para la música, aprendiendo a tocar la guitarra... ¡Si no quieres caldo, toma…tres tazas llenas…!- se rió- Mi marido músico y mis hijas músicas. Bueno, y mis nietos..., porque dice Claudia que Marcos toca la batería... ¡ya ves, con diez años!.... ¡Ay Señor que locos estábamos!

               -Y estamos, Carmen..., y estaremos.

               -Hasta que te marchaste-le reprochó, y se puso seria y triste-¿Por qué te fuiste, Juan?

               -No me fui. La prueba es que estoy contigo.

               -Si, pero no es igual….

               -Anda, no digas eso, vengo a verte casi todos los días. Además, no fue por capricho- y la miró a los ojos con ternura-

               -¿De donde vienes ahora?, cuéntame…

              

               Los ojos de Juan brillaron...

              

               -Del Norte de Europa-dijo-

               -Pero eso es muy frío y ya sabes que a mí el frío…

               -¡Que va! Si vieras amanecer en las playas del Mar del Norte… Además, si el frío no te gusta podemos ir al Pacífico. Allí las aguas son transparentes como el cristal y hace calor… y los atardeceres son… ¡Bueno, te encantaría…! Y si no, a África... Podríamos ir a donde quisieras, y además estaríamos juntos, como antes…

               -Si, pero ya sabes que no depende de mí. Si pudieras hablar con…

               -Ya lo sé- le interrumpió Juan- He hablado y me ha dicho que no nos desesperemos, que dentro de poco.., de todas maneras, Carmen, tu no te preocupes, vendré a verte todos los días….

               -¡Que ganas tengo, Juan!

               -Y yo,- le acarició la cabeza-

               -¿Es todo tan bonito como dicen?

               -¡Mucho más! Mira, Carmen, eres libre para ir a donde quieras y sin prisas. Puedes verlo todo y además no tienes que preocuparte de hoteles, ni de dinero, ni nada… ¡Ah!, y porque no te he contado…, pero hay cosas que ni te imaginas…

               -Cuéntame, Juan- insistió-

               -No, prefiero que las veas con tus propios ojos. Además, no tendría palabras para describir tanta hermosura…, es otra cosa... ¡Ya verás, ya! Menudo lo vamos a pasar-y le cogió la mano- Bueno, Carmen ahora tengo que irme…

               -¿Cuánto volverás?

               -Mañana, ten paciencia...Me han prometido que, seguramente, al pasar Navidades- y la besó. Te quiero... Adiós.

               -Adiós, Juan, hasta mañana-y siguió meciéndose.

 

                              ……………………………………………..

 

 

               Fue al pasar Reyes cuando sus hijas con los maridos y los nitos se habían marchado ya…

 

               Una vecina, que solía ir a visitarla de vez en cuando, la encontró sentada en su mecedora, delante de la ventana… Parecía dormida. Tenía una sonrisa en los labios y en las manos un cuento de los que escribía su marido cuando era joven…

               Se acercó, y pudo leer en la página que tenía abierta…. “Ten paciencia, Carmen, me ha prometido que, seguramente… al pasar la Navidad…”

 

 

©isidromartínezpalazón. febrero 1996

 

 

                                               El  concierto.                       15

 

                                                  Eran las tres de la tarde de un día de agosto y en el estadio de fútbol hacía un calor de mil demonios.

 

               La actividad de los montadores era febril. Más de veinte personas, en su mayoría hombres, descargaban  de los enormes camiones aparcados junto al césped grandes cajones de aluminio con equipo de sonido que transportaban hasta el escenario. El concierto estaba anunciado para las once de la noche y aún quedaba mucho trabajo por hacer.

 

               Sentado en las gradas, el organizador, un hombre de mediana edad perfectamente vestido, contemplaba nervioso el ir y venir del personal, mientras hablaba con un muchacho moreno, de pelo largo, que trataba de tranquilizarlo.

 

               -No se preocupe usted, todo estará a punto para las once.

               -Mas vale, porque están vendidas todas las entradas. Ha venido gente de otras ciudades, algunos incluso, han hecho mas de mil kilómetros para ver el concierto… Si las cosas no salen bien, será mi ruina.

               -Tranquilo, no habrá problemas….

               -¿Cómo en París?- El hombre vestido con chaqueta blanca y camisa de seda, hizo un gesto de preocupación.

               -Bueno, aquello fue diferente… Nadie podía imaginar…

               -Pero pasó, y eso es lo que me da miedo. Mira, Ron, quiero que entiendas que yo solo soy un empresario…, y los empresarios no queremos problemas. A la gente le gusta ir a vuestros conciertos, así es que venís, actuáis, ellos lo pasan bien, vosotros cobráis…, yo me gano la vida… y hasta la próxima.

               -Usted sabe, señor López, que el dinero es lo de menos.

               -Si, ya lo sé y es una cosa que no entiendo. Un grupo tan bueno, de tanta fama…, y sin preocupación por el dinero, pero en fin…, allá vosotros. Aunque tienes que reconocer que conflictivos sois un rato.

               -Quizás, pero la culpa no es nuestra y usted lo sabe.

               -Yo no digo nada, pero el caso es que allá donde vais, se lía. La verdad, es que he de confesarte que no sé como me he atrevido a contrataros….

               -Bueno, algo tendremos de especial, ¿no?- sonrió.

               -Si, eso es cierto… Bueno, Ron, me marcho. Aún tengo que preparar algunas cosas; Saluda a Randall y al resto del grupo.

               -De su parte, señor López.

 

               El hombre se puso en pie y echó a andar pasillo adelante. Ron, tranquilamente, bajo las escaleras hasta llegar a la valla que separaba el campo de las gradas y se quedó mirando el escenario… Es enorme-pensó-Después, levantó la vista al cielo…, no había ni una nube… Sin duda haría una noche estupenda.

 

 

                                            ……………………………………………….

 

 

 

               A las diez de la noche el estadio estaba abarrotado de gente y, ante la puerta principal, largas colas esperaban para poder entrar.

 

               La puerta de los vestuarios, donde los músicos charlaban esperando a que se hiciera la hora se abrió y López, disimulando un gesto de preocupación, entró y saludó.

               -Buenas noches, muchachos…

               -Hola, señor López, cuanto tiempo sin verle…

               -Desde el año pasado por estas fechas… ¿y Randall?

               -No sé- contestó Miguel, el bajista del grupo- Ya sabe que antes de los conciertos le gusta salir y hablar con la gente….Andará por ahí….

               -Bueno, yo solo venía a saludarle.

               -Bien, le diremos que ha estado usted por aquí.

               -Gracias Miguel…-y dirigiéndose a Ron- Oye Ron- y le hizo una seña para que se acercara.

               -¿Si?...

               -Mira- y hablo en voz baja-La verdad es que quería advertirle… A pesar de que todo está controlado por la policía, no me fío… He visto un grupo de “ultras” junto al escenario, en el lado izquierdo... No podemos negarle la entrada a nadie, así que dile que tenga mucho cuidado y que, por favor, no provoque a la gente…

               -Oiga que nosotros no provocamos a nadie…

               -Ya… eso decís siempre y luego… Mientras no pase lo que en París...

               -Lo siento, no fue culpa nuestra. Si la gente no…

               -Ya- le interrumpió López- Yo no digo nada, solo que…

               -No quiere problemas- le cortón Ron-

               -Eso…

 

 

 

                                            …………………………………………………….

 

               Las luces del estadio se apagaron y todo quedó en silencio. Cuando de nuevo se encendieron en el escenario sonaba la Banda de Randall…

 

               Hasta en eso eran distintos. Contrariamente a lo que pasaba en los conciertos de otros grupos, cuando ellos tocaban la gente no coreaba las canciones, ni bailaba…solo escuchaban y callaban

 

               Al terminar la primera canción, Randall, un muchacho de color, alto y delgado, que rondaría los treinta, vestido con pantalón vaquero, camiseta blanca y zapatillas de deporte, del mismo color, se dirigió a la gente…

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 

-Buenas noches, amigos… Gracias por venir...-hizo una larga pausa y miró al cielo- Habéis visto que noche mas preciosa…. Bajo este mismo cielo. lleno de estrellas hay que gente que sufre..., que pasa hambre, que está oprimida..., perseguida., asesinada por sus creencias y sus ideas… Son víctimas del egoísmo y la injusticia humana. De ellos, como en todos nuestros conciertos, queremos hablaros… nos acordamos de ellos… y con ellos nos solidarizamos… porque son… ¡Hermanos nuestros!

  

Con las últimas palabras de Randall empezó a sonar la siguiente canción que así se titulaba….Hermanos nuestros…

 

No vio, o no quiso ver, al muchacho que, de la parte izquierda del escenario, a escasos diez metros de donde él estaba, se levantó con una pistola en la mano….

 

Sonó un estampido y luego otro y otro… Randall se llevó la mano al pecho y cayó al suelo…

Ron saltó de la batería y se abalanzó gritando y llorando sobre él... Tenía la camiseta blanca empapada de sangre….

 

-¡Randall!- le gritaba- ¡No te mueras!.. ¡Maldita sea…! ¡Asesinos!...

 

Fue horrible. Cuando la gente se dio cuenta de lo que había pasado comenzó a chillar. La confusión fue total…

 

Corrían en todas direcciones, histéricos, tratando de alejarse del escenario... Pisaban o eran pisados buscando la salida… Se oían gritos de dolor y de pánico…

 

 

 

                              …………………………………………………….

 

 

Los médicos confirmaron su muerte. Ron, después de pasar toda la noche junto al cadáver de Randall, llorando como un chiquillo, cuando amaneció salió del Hospital.

 

Tenía necesidad de estar solo y, sin saber por qué, andando, se dirigió al estadio.

 

Entró por la puerta lateral y se cruzó con la gente de los servicios de limpieza. En el escenario, los encargados del sonido comentaban el incidente mientras recogían el equipo. Hacía fresco y una ráfaga de viento suave trajo hasta sus pies uno de los programas que se había repartido con las entradas del concierto. Se agachó y lo recogió. Se lo sabía de memoria. Era el mismo de siempre..., la historia del grupo, la letra de las canciones….

 

Echó a andar con el en la mano y cuando se quiso dar cuenta estaba, sentado en las gradas, llorando.

 

-Vaya desastre ¿eh Ron?- era López.

-Y que lo digas... ¿Quien iba a pensar…? ¡Malditos asesinos!- y rompió  a llorar con fuerza-Era un hombre bueno, López... ¡Porqué!-grito-¡Porqué lo han matado!

-No sé, Ron…

-Nunca hizo daño a nadie. Lo único que hacía era luchar junto a los oprimidos y los necesitados contra la injusticia... Tu mismo sabes que no lo hacíamos por dinero...

-Ya lo sé...

-Además… quería a todo el mundo...

-Tienes que reconocer que estaba un poco chalado... ¿no?

-¿Por qué dice eso?, ¿Por qué se preocupaba por los demás?.., ¿Por qué le gustaba estar con lo peor de cada sitio donde íbamos a tocar...? ¡Por eso López!... Usted tampoco se ha enterado de nada….

-Bueno, Ron, tengo que irme. Me ha citado la policía para declarar…, al parecer han cogido al que lo hizo.  Lo siento, de veras,… adiós

-Adiós, López. Que mas da quien haya sido…, a Randall lo mató el odio, el egoísmo y la intransigencia del mundo...

-¿Qué dices?...

-Nada, cosas mías

-Ya…

 

Vio a López caminar por el pasillo de gol sur. Parece buena persona-pensó, mientras miraba con tristeza el programa arrugado que llevaba en la mano- y se acordó de los sitios donde habían estado tocando en los últimos años… y de París…

 

Siempre habían tenido problemas con las actuaciones y lo sabía, sobre todo con las autoridades y los religiosos…, como en Alemania, que tuvieron que salir escoltados por la policía entre los insultos de un grupo de radicales que desde el principio había estado boicoteando el concierto... En Inglaterra al menos habían sido respetuosos con ellos. Era una gente muy fría, sin duda como el clima-pensó- y se limitaron a escuchar…

 

En Estados Unidos, sin embargo, se portaron muy bien con ellos. La gente disfrutó y el empresario les ofreció otro concierto..., precisamente en octubre tenían que volver. Ahora ya, sin Randall…

 

Lo de París fue distinto. El primer día todo había salido bien. Fue el segundo, cuando Randall decidió dar un concierto gratis en las afueras de la ciudad para toda la gente que no había podido asistir el primer día por no tener dinero para pagar la entrada….

 

Montaron el escenario en un descampado, y aquello se llenó de gente... ¡más de veinte mil personas! Estuvieron toda la noche cantando y hablando con el público. Era gente sin recursos, chavales jóvenes casi todos...”La noche de las hamburguesas y las Coca-Colas “-sonrió Ron al recordar…

 

Ron se había acercado a Randall aquella noche, en varias ocasiones, entre canción  y canción, y le había comentado…

 

-La gente escucha, pero me temo que pronto se marcharán. ¿Has visto sus caras?.. Me da la impresión de que algunos no han comido nada en la última semana…, si no fuera por eso, podríamos seguir hasta que se hiciera de día…

-Ya lo sé, Ron. Me he dado cuenta... ¿Que tenemos por ahí?

-¿De qué?

-De que va a ser, ¡de comer y de beber!

-Mi cena. No me ha dado tiempo a... ¡Con el follón de montar todo esto...!

 

Después- recordaba – Randall se acercó al micrófono y le preguntó a la gente…

-¿Queréis que sigamos?

-¡¡¡¡¡Siiiiiiiii!!!!!

-Bien, pero habrá que tomar un bocado… ¿no?

-¡¡¡¡Siiiiiii!!!!!!

-Pues que veinte o treinta de vosotros suban al escenario y os repartan unas cosillas que hemos traído... Los demás no moveros de vuestro sitio….

 

Ron reía a carcajadas mientras veía como los chavales que habían subido al escenario sacaban todo aquello de la bolsa de cuero que estaba encima de un monitor.

Una hora antes de empezar el concierto, él mismo había comprado en un kiosco de perritos calientes, una hamburguesa y una lata de Coca-Cola  para su cena… ¡PERO UNA SOLA!

 

Mira que llevaba tiempo con él y no era la primera vez que pasaba. Debía estar acostumbrado-pensó- pero no podía evitarlo. Siempre que ocurría sentía un escalofrío que le recorría el cuerpo..., después miraba a Randall a los ojos y sin saber porqué se echaban a reír….

 

Al terminar, Ron y el resto del equipo, se dieron una vuelta por donde había estado sentada la gente y recogieron mas de cien hamburguesas perfectamente liadas en papel de aluminio y los lo menos cincuenta latas de Coca-Cola sin abrir de las que habían sobrado… Lo sabían por que en el escudo de la marca el color azul era más brillante….

 

Lo malo fue al día siguiente, cuando en los periódicos y en la televisión, los políticos y la Iglesia les acusaron de ir en contra de todo lo establecido y de milagreros y sectarios… y tuvieron que abandonar el país…

 

 

                              ………………………………………………………..

 

 

 

 

Ahora, sentado en las gradas del estadio y con el programa en la mano, sin poder quitarse de la cabeza la imagen de Randall en el suelo y con la camiseta empapada de sangre, se resistía a creerlo… ¡Han  matado a Randall..!..¡Le han matado!...

 

Y recordó las veces que Randall le había dicho que algún día sucedería… pero que ellos, sus músicos, tendrían que seguir dando conciertos como el les había enseñado.

 

La verdad es que era un tipo estupendo-pensó- Un poco raro, pero- sonrió recordando las mil y una historias que les contaba en los viajes y el verdadero nombre de Randall-.. .Bueno a mi también me gusta, que entre amigos, me llamen Peter,… al fin y al cabo, lo de Ron es un apodo.

 

Lo que no entendió muy bien fueron sus últimas palabras en el escenario, cuando muriéndose en sus brazos, con la vista  clavada en las estrellas dijo aquello de... “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…”

 

Se levantó y echó a andar… ¡Lo tenía decidido!.. Dentro de tres días se daría una vuelta por el cementerio… ¡por si acaso...! 

 

 

© isidromartinezpalazón. Febrero1996

http://www.isidromartinez.com/

 

 

 

 

 

               Jóse se levantó y se fue derecho al cuarto de baño. Después de ducharse y afeitarse, desayunó en la cocina y, por el ascensor interior del edificio, bajó al garaje.

 

               Ya en la calle, miró el reloj…¡Las ocho menos diez!. Tenía el tiempo justo para llegar a la oficina y pisó el acelerador…

 

               El tráfico era intenso. Al llegar a la esquina, el semáforo se puso en rojo y tuvo que frenar para no atropellar a la viejecita que, con paso torpe, cruzaba la calle.

 

               Junto al semáforo una muchacha de aspecto desaliñado, que vestía pantalón vaquero y un chaquetón de ante mugriento, se acercó a la ventanilla.

 

               -¿Pañuelos?.. Por favor, ayúdeme… hace mucho frío por las noches para dormir en la calle….

 

               Se rebuscó en los bolsillos de la cazadora y extendió la mano.

 

               -Toma, Soledad., porque te llamas Soledad..¿verdad?

               -Si, ¿Cómo sabe mi nombre?

               -Que más da…

 

               Antes de que la chica pudiera reaccionar, el semáforo se abrió y el R 21 se puso en marcha y se perdió entre el río de coches que a primera hora de la mañana llegaba a la ciudad.

 

               En la radio del coche cesó la música y la voz del locutor llegó fuerte y clara…”Buenos días amigos, aquí Radio 2000, su emisora local. Recuerde en el 107.8 del dial….”

               Y Jóse… sonrió.

 

                                             CONTENIDO

 

                             

Capítulo                              Título                                                 Página

----------  ---------------------------------------- ----------

1                 La Urbana 13……………………

2                 Jorge…………………………….

3                 Un trabajo bien hecho…………..

4                 Juanito…………………………..

5                 La vendedora de pañuelos………

6                 Verónica………………………...

7                 Juny……………………………..

8                 La Radio………………………...

9                 El Nido…………………………..

10              Ya están aquí…………………….

11              La casa del Molino………………

12              Rafael……………………………

13              Rosi……………………………...

14              Tal vez al pasar Navidad………...

15              El concierto………………………

 

 

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Isidro Martinez @ 2:05am, 22 Julio 2008